Cuando creo que ya nada queda por lograr
se forman en mi alma grietas
y siento que ningún deseo puedo realizar.
Huyo entonces de metas concretas,
como hombre apático y sin entereza
y descubro que mis pasiones están quietas.
Cuando siento que merma mi fortaleza,
que la esperanza es sinónimo de tortura,
caigo, pero intento no hundirme, con firmeza.
Y vuelven el frenesí, la bravura,
movimientos sísmicos en mi mente
y me purgo de tanta basura.
Se ilustra un camino ascendente,
destruiré las redes del ostracismo
y gritaré que estoy aquí presente.
Cobraré el vigor de un cataclismo,
savia nueva por mi sangre va a circular
y aprenderé como se aleja uno del abismo.
¡Cambios revolucionarios quiero efectuar
y trazaré ahora nuevas metas,
ya que es hora de vivir, de soñar! |