La ciudad es una mierda viva, viva y desquiciada, las personas se comportan como cerdos, animales desequilibrados, deshonestos y delirantes; repulsivos hasta para los ojos de una lagartija de alcantarilla.
Años antes solía tener sueños en donde me hallaba en medio de una inmensidad de vacío terrenal. Me veía absolutamente solo y perdido, estupefacto al presentir que ya no existía el arriba, ni el abajo, ni a un lado o al otro; abandonado en la soledad; minúsculo y sensible, atómico y vulnerable como un microorganismo. Siempre me aterré al comprobar que realmente no había nada estable en aquel punto de la existencia, nada que me ubicara racionalmente en ese medio tan pálido, nada, mas que la sensación de estar parado en algún lugar, posiblemente fijo.
Muchas veces me eché a correr tratando de alcanzar un dejo de coloración ligeramente distinta a la que me envolvía: jamás lo logré. Recuerdo que veía algo parecido a ondulaciones pictóricas, como si frente a mí se descubriera en destellos una cortina que ondeaba inalcanzable. Siempre que quise sujetarme de ella tuve la sensación de que yo me hacía más pequeño, o que la cortina se elevaba lejos de mi alcance, perdiéndose en el trasfondo interminable, quedando yo más hendido en la infinita pureza de un blanco desesperanzador. Luego mi corazón empezaba a azotarse furioso, pensando en que no hallaría salida de mi trastornado ser y en caso de que la hubiera era mejor quedarse dentro del pecho; el exterior era incierto.
Un sueño terrible en su momento, en mi infancia precisamente. Hoy en día… al ver las olas de carros, uno detrás del otro y a los lados, casi encimados como dos rinocerontes apareándose, al escuchar las ráfagas de ruidos estridentes rebotando en mis tímpanos y sentir el calor húmedo y abochornado de la gente en mi piel, lo más ideal sería desprenderse de la realidad obligatoria y escapar al inmenso imperio de la basta vacuidad, el blanco diáfano de la existencia, el que habita entre cada línea de este escrito, el que puebla dentro de la o con que termina este texto, el blanco vacío de mi sueño, como un remedio casero, como un resultado embustero. |