Dicen que los polos opuestos se atraen,
como una norma ineludible
de un binomio inseparable.
Como la luz que se refleja
en el espejo de la oscuridad
o el Bien que se reconoce
en el Mal,
así funciona este principio dual.
Lo absoluto va de la mano
con lo relativo,
lo femenino es indisoluble
de lo masculino.
No hay blanco sin negro,
ni contingencia sin
necesidad,
ni identidad que no conviva
con la diversidad.
El uno respecto de lo otro,
dos fuerzas complementarias
que eternas e incorruptibles
guardan la simiente
de una ley oriental.
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