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Inicio / Cuenteros Locales / corguill / Affaire

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La música de una banda de desconocidos atronaba el reducido espacio del PUB con temas que provocaban frenéticos movimientos de cadera en los sudorosos bailarines. Absorto en la contemplación del modo de divertirse de los ABC1 y los aspirantes a Jet Set, no había reparado en que alguien me hablaba.

---Perdón estaba distraído, ¿Me decía?--- Pregunté a la dama que se había instalado en el asiento a mi lado.

---Me preguntaba si quisieras acompañarme con una copa, no me gusta beber sola---Dijo la desconocida con voz de terciopelo.

--- ¿Quién podría negarse?--- Respondí mirándola directamente a los ojos.

Una sonrisa se dibujó en su rostro, revelando dos hoyuelos en las comisuras de sus labios lo que le daba un aire de mayor sensualidad.

La mujer, aparentaba estar en el final de los treinta. Lucía una figura aún juvenil y tenía una hermosura que denotaba cuidado y distinción. El precio de la cartera de cuero de una marca francesa, su ropa y joyas habrían bastado para que yo cambiara el coche.

Dejó la copa sobre el mesón casi intacta y con un mohín me alargó un llavero diciendo: ¿Nos vamos? Tú conduces.

Aún un poco confundido y turbado por la sensual presencia de la bella mujer colgada de mi brazo, me desplacé entre el público que me miraba con envidia (el masculino) y las mujeres que comentaban en sordina el porte elegante y distinguido de ella.

En el estacionamiento me guió hacia un Mercedes Benz color blanco, descapotable que relucía orgulloso bajo la luz de neón. Salimos raudos hacia uno de los barrios más exclusivos de Santiago, entramos por el estacionamiento subterráneo de un elegante edificio y subimos por un elevador privado hasta el Penthouse.

El lujo y la opulencia desbordaban la imaginación, Sandra; como dijo llamarse, se despojó lentamente de la ropa y se enroscó en mi cuello besándome larga y apasionadamente. No salía de mi asombro, pero en breve el espíritu de conquistador vino en mi auxilio respondiendo plenamente al ataque de lujuria al que estaba siendo sometido. Pronto fui tomando la iniciativa y sin palabras la llevé a la enorme cama que se ofrecía entre luces indirectas y sábanas de seda.

Al cabo de varios momentos de clímax verdaderamente delirantes me sentía razonablemente agotado, pero sin querer ceder me dispuse a comenzar un nuevo asalto, sin dar muestras de debilidad. Sandra me sugirió descansar un momento y salió envuelta en su fina desnudez.





Regresó vistiendo una tenue bata y portando una bandeja con dos copas de vino blanco y unos cócteles de mariscos. Tomamos el refrigerio en silencio y luego me besó prolongadamente y dijo con un suspiro:

---Ha sido maravilloso, pero creo que estoy agotada, ¿te pido un taxi?

---Realmente nunca había conocido alguien como tú, gracias.---Respondí con desgano.

---Adiós, dijo, quizás nos encontremos por ahí.

Volvió a abrazarme en la puerta del ascensor y sentí su mano en el bolsillo de la camisa.

Me despedí todavía sin comprender, pero aceptando la situación. Supuse que habría dejado su tarjeta en mi bolsillo. Al llegar a la planta baja encontré el taxi prometido y me fui a buscar mi automóvil. Una vez en mi coche busqué en mi bolsillo y en lugar de una tarjeta encontré quinientos dólares. Me hice mil conjeturas: que me había confundido con un gigoló fue la que ganó las disparatadas apuestas. En fin, había sido puto por una noche y ya.

Un par de días después me encontré con uno de mis mejores amigos con quien había quedado de juntarme el día de la aventura y naturalmente me olvidé absolutamente de ello, hasta que lo vi.

Ante sus consultas le conté someramente el affaire, sin mayores detalles y como corolario le dije que en todo el entuerto había ganado dinero. Naturalmente Alfredo pensó que todo era un invento mío y terminamos a carcajadas.

Dos sábados después recibí el llamado de Alfredo para contarme que había ido al PUB y que conoció a Sandra y pasó todo exactamente como yo le había contado…con una diferencia: Le habían dado sólo doscientos dólares.

--- Seguramente no eras tan buen amante como yo, me jacté.---

---Le pregunté porqué doscientos si antes había pagado quinientos, me explicó Alfredo---

--- ¿Te dio una respuesta?---

--- Si, me dijo que a mí me habían transmitido sólo para América Latina. …..

¡Imbécil!

Texto agregado el 20-07-2007, y leído por 30 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2007-08-13 17:02:38 No lo conocía, es talentoso en narrativa irónica, bien,5 Die_Dichterin
2007-07-25 21:19:53 Genialo, el relato ameno, el misterio y el final espectacular. Sòlo una cosita, al menos a mi entender. La frase estaba al final de los treinta y tenìa AUN una apariencia juvenil, no conozco ninguna modelo ni actriz con 29 o 30 años que no sea una diosa, asì en estos tiempos. Un abrazo. doctora
2007-07-25 17:46:06 jejej ya me estaba imaginando que me pagaran luego de jejej Pero el final me decepcionó... No, mentira, está bueno. Saludos ^^ Seifer
2007-07-24 13:14:50 Muy bien narrado.***** lagunita
2007-07-23 21:02:13 De verdad me dejó impresionada desde el primer momento, por la liviandad con que se realiza el sexo, sin tener ningún conocimiento el uno del otro, es terrible. Y el final... El final me dejó más sorprendida.¿seré una anticuada, pero lo prefiero, no haría el sexo sin amor, jamás. En todo caso espero no sea cierto, está muy bueno, y esplendidamente bien contado y creíble********** Victoria 6236013
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