-VII-
Arranquemos una voz
sin que duela un grito,
alegremos las heridas
con canciones antiguas.
Al calor de la música
derritamos los sonidos,
a un solo movimiento
llevemos nuestros ritmos.
En el silencio del estío
haya audiciones de rocío,
mientras el líquido haga aguas
en las orillas de los sentidos.
Y esta noche como nunca,
a excepción de siempre
con registro agudo, tallemos
los bemoles en sostenidos.
N©c
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