En los albores de la historia,
la fauna hablaba
e inspiraba,
y hasta una hoja, una piedra,
eran fuente de verdades.
Nobles antepasados que veneraban
a los astros, a la lluvia,
al rayo, o a las guerras.
Y así llegaron los dioses,
griegos, egipcios, romanos
y de otros puntos del globo,
toda una red de mitos que nos nutrieron,
y luego el siglo de las luces,
y antes el dinero.
Los animales fueron antaño superiores,
diversos fetiches se crearon.
Un camino sin camino
nació en Oriente: el Tao.
La búsqueda del Nirvana
desde el Buda, Siddharta.
Y Dios se reveló en Occidente,
Jehová para unos, Alá para otros.
Confucio y el sintoísmo,
Brahma, Visnú y Kali,
la suerte y el destino,
el dharma y el karma,
el azar y las leyes naturales,
son esfuerzos de la humanidad
por ser, por vivir.
Hacia un gran Todo
o una inmensa Nada
se conducen ciegamente
los caminos de la humanidad. |