Me gasto las uñas persiguiendo tu abundante escasez;
Esta deliciosa ausencia, de ti; de mi; de todos.
Este mundo en forma de colilla de cigarro me atrae;
Me invita a perderme en los recodos.
Este vicio de no tenerte me fascina,
Es como los latigazos de la memoria errante,
Como la distorsión de la garganta cantante
Como mis letras tan pobres y cancinas.
Me derramo luz de luna en envase de tres onzas,
Me pongo la capa de fantasmas y cerezos de papel;
Por favor mujer, no seas tan cruel;
No me quieras tanto, mira que me ahogas.
Desfilando por la calle marcha el circo
Con leones cistíticos y cebras anémicas,
El domador con su Biblia de fe evangélica
Tratando de santiguar al satánico mico.
Palomas desgarradas en la plaza central,
Y mi barba que es un mediocre remedo,
Vos sabes que tu eres mi credo,
Mi más dulce tentación, mi paraíso carnal.
Es casi como una mariposa color tú,
O como un demonio con ánimo yo,
Es simplemente que todo-esto-que-te-doy,
Es simplemente nada, comparado con tu luz.
Qué va a saber Sabina de canciones hermosas,
O ese tal Aute, de madrugadas en romance,
Lo más seguro es que la dicha no les alcance,
Porque no te conocen a ti, mi pequeña rosa.
Qué sabría Bécquer de fantasías incurables,
Lo mismo que Galileo de Zoroastrismo o hecatombes,
Lo mismo que yo de versos rítmicos con acordes,
Pero no importa,
Qué más da,
Sólo quería hacer una poesía profana para tu nombre.
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