Ya el mar no refleja el azul del cielo,
ni el siroco trae aromas del desierto,
Ya no me refresca la brisa costera,
ni con el canto de sirenas me duermo.
Ya el sol no calienta las aguas del olvido,
ni la luna ilumina noches de ensueño,
Ya no me consuela la alegre alborada,
ni las estrellas iluminan el camino del cielo.
Ya el baúl no quiere guardar los recuerdos,
ni evocadoras mentes se jactan de ellos,
ahora, por profundos pozos marchan al infierno.
Ya el jazmín no nos deja su ceniciento olor,
ni nos alegra la vista la dalia florida,
ahora, ni siquiera en primavera sonríe el amor.
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