obedece ciegamente las líneas de su mano
colgado de las cuerdas siderales por un lado
por el otro cerrojos
y cautiverios portátiles sin aeroplanos.
pantallas agolpadas en cimientos siderales
la voz crisálida del espanto
como manecillas en el viento del sur.
arropas el reloj de tu silueta
estalla el latir de tu sol
amainas los rincones ocultos de mi conciencia
y tus ojos otoñales abotonaban
la paz etérea de las luces incendiarias
la ternura encausada en pompas de fulgor. |