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De tazas y dignidades intactas (versión mejorada)
María, tras largo rato esperando a su amado José, decidió que era el momento de levantarse para conseguir mantener su dignidad intacta. Pero la demostración perdió brillo cuando, sin querer, tiró su taza de café justo cuando se disponía a irse del bar. Durante unos instantes dudó sobre si volver sobre sus pasos y recoger aquella dichosa taza o seguir andando como si tal cosa. Pero las actitudes del tipo “como si tal cosa” no estaban hechas para María. Así que se giró bruscamente con tanta fortuna que tropezó con un camarero. Camarero que, a su vez, no puedo evitar (a pesar de los aspavientos acrobáticos) distribuir el contenido de su bandeja entre los clientes más cercanos. Reparto, eso sí, lo suficientemente brusco como para provocar las iras de una señora abrigada de visón falso y de un señor de marrón con bigote. Éste último resultó ser un tanto violento, para qué engañarnos. No por nada, pero el puñetazo que le propinó al camarero en toda la nariz invita a pensar que estamos ante el típico individuo de comportamiento agresivo. Una agresividad, por cierto, que tuvo sus consecuencias. El camarero, tambaleante, tuvo a bien caer sobre un treintañero de aspecto sospechoso que estaba en la barra dando cuenta de un carajillo de coñá. Somos conscientes que la definición “de aspecto sospechoso” es una expresión propia de un prejuicio. Pero aquí se mostró acertada, ya que, debido al empujón, cayó del bolsillo del joven una pistola, dejando escapar un disparo al rebotar en el suelo. ¿Por qué no llevaba el seguro a pesar de las habituales precauciones del joven? Porque, precisamente esa mañana, tenía pensado atracar el banco de al lado tras tomarse la copa. Ya saben, un poquito de alcohol para darse valor. Gesto inútil esta vez porque, como ya explicamos más arriba, la pistola cayó al suelo escupiendo una bala que salió como un rayo (si los rayos fueran de plomo, que no lo son) atravesando la puerta de cristal del bar. Si pudiéramos seguir su trayectoria, hubiéramos observado cómo se dirigía al piso de enfrente. Concretando, nos veríamos obligados a describir que entró por la ventana y acabó provocando la caída de una humeante taza de café justo cuando José, tras largo rato esperando a su amada María, había decidido que era el momento de marcharse para mantener su dignidad intacta. Pero la demostración, ya adivinarán ustedes, perdió brillo.
Texto de moebiux agregado el 17-03-2004. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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