Todos los día espero tus pasos dormido.
Todos los días te veo bajar sublime por mis enredaderas oníricas.
Todos los días me burlo de las infranqueables distancias, haciendo absurdas las ausencias.
Todos los días me burlo del olvido cuando furtivo me aferro a tu recuerdo.
Todos los días la muerte cae derrotada, porque hurto tu imagen de sus dominios.
Y espero pacientemente a que me tome el ensueño.
Y espero pacientemente a que me yus pasos se deslicen graciosamente sobre el camino de fantasías que tallé para ti.
Y espero pacientemente a que entres en la casa de cielo adornada con jazmines que soñé para ti.
Plagué el camino de versos flotantes, furtivos. Muchos versos, muchos versos.
Guardando la esperanza de que te estrelles con alguno de ellos, y que te guste tanto que pueda atraparte por un momento.
Te invitaré a sentarte a leerlos en la silla de marfil, marfil hecho de lágrimas, que coloqué dentro de la casa que soñé para ti.
Me aferro a la esperanza de que te quedes para siempre.
Ya he apartado el espacio para que pongas tus recuerdos,
hace poco logré reservarte todos mis sueños, hasta los que todavía no he pagado, así he acordado con Dios.
Y si no te puedes quedar, correré detrás de ti, he estado ejercitándome en la fantasía.
Correré detrás de ti y te alcanzaré. Entregaré toda mi alma y aliento, en un salto atrevido, para tomar la punta de tu níveo manto.
Asido a tus vertiduras, me iré con tigo a tu ensueño de eternidad.
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