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DE TAN SOLO Mientras estaba panza arriba, su único cielo era el cielorraso. De costado, no había mujer ni escarcha, simplemente sábanas arruinadas por el espacio vacío. Su casa era húmeda, decían, porque lloraba demasiado. Ese día llovió en el barrio, y él ya no estaba. Se había ido a llorar con su chaleco de roble puesto, al cielorraso de los hombres. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |