El tesoro del príncipe
Había una vez un castillo habitado por un príncipe caballeroso y muchos seres mágicos.
En este castillo, había un cuarto con un enorme tesoro que se encontraba escondido en el sótano porque tenían miedo de que se lo robaran.
El tesoro estaba custodiado por un ogro y agujas vivientes plateadas.
El príncipe esa noche se durmió intranquilo porque escuchó ruidos de armas y le pareció que afuera había una guerra.
Al despertar, decidió ir a ver que había pasado.
Cuando salió encontró, armas partidas por la mitad tiradas por todos lados, pedazos de telas y armaduras.
Había cerca de allí una cueva desconocida y vieja en la que, hacia muy poco, habitaba un oso, y que ahora tenía una puerta con barrotes de hierro.
El príncipe miró desde allí y su sorpresa fue enorme al ver una bellísima princesa y algunos de sus soldados acorralados en una jaula junto con su tesoro, mientras que unos bandidos en una mesa al fondo jugaban a las cartas apostándose parte del dinero robado.
Al ver esto, se dio cuenta de que los delincuentes habían provocado la guerra y habían vencido.
Entonces regresó asustado al castillo y fue directamente al sótano donde se guardaba el tesoro. Allí vio al ogro dormido y hechizado, a las agujas vivientes enjauladas y al cofre abierto y vacío. Entonces, salió de la habitación y dio la alarma.
Inmediatamente tenía todo el ejército a su disposición, y les ordenó:
-¡¡La mitad de ustedes se quedará a cuidar el castillo y los 80 enanitos vayan a avisarle a la hechicera para desencantar al ogro y desenjaular a las agujas vivientes!!
En un instante llegó la hechicera y los 80 enanitos volando en su escobillón super largo y todos se dirigieron hacia el cuarto del tesoro.
Allí la bruja se paró ante el ogro dormido y dijo:
- “Venenodormidoveteyá”- y de repente el ogro se desperezó. Entonces sin perder ni un momento se paró delante de la jaula y pronunció:
-“Jaulaatontadaabreté”- entonces la jaula se abrió y las agujas salieron corriendo al lado del regimiento.
El príncipe agradeció a la bruja y ésta se marchó como había venido en su escobillón, que se alargaba y achicaba según la cantidad de tripulantes.
Luego el ejército de hombres y de agujas, el ogro, los enanitos y el príncipe se fueron hacia la cueva.
Al llegar, el ogro con su terrible fuerza dobló los barrotes silenciosamente.
Los únicos que se dieron cuenta de su presencia fueron la princesita y los soldados, porque los bandidos estaban muy ocupados en el juego festejando su triunfo con algunas copas de más.
El príncipe rescató a la princesa y los soldados amarraron por sorpresa a los malhechores, que pataleaban para poder liberase, pero no lo lograban porque estaban mareados, mientras que las agujas les pinchaban la cola dirigiéndolos hacia la jaula que antes ocupaban los soldados y la princesa, al mismo tiempo que los enanitos recuperaban el tesoro.
Regresaron al castillo, la princesa fue a recobrar su aspecto bello y perfumado, el tesoro volvió a su lugar y los asaltantes fueron derecho a la prisión.
Después de bañarse y ponerse ropa limpia los príncipes se encontraron en el gran comedor.
Al verse tan limpios y dotados de hermosura se enamoraron mutuamente.
Luego de cinco meses se casaron.
Y después de un período de nueve meses los soberanos dieron a conocer a los dos nuevos herederos mellizos que se llamaban Bernardo José Luis y Carlota Esmeralda Sofía, que luego se hicieron muy amigos de sus juguetes favoritos, las agujas vivientes que no los lastimaban y nunca se cansaban. |