Bailando.
Bailando con la fuerza de la tierra, la gravedad existía; la hacía caer con fuerza... la presencia era su fuerte, los vibrattos recaían con un eco de millones de voces juntas y lentas.
Cogía cuerpo y se elevaba como nunca.
Se deslizaban notas melancólicas, armonía predecible... fugaz, sádica y hermosa.
Se iban, se iban... sólo se iban.
Volaba, se alimentaba de los bajos.
Descendía, arpegio común... terminaba, cogía otro tipo de ligereza... giraba por inercia.
Cayó muerta.
Y nadie la pudo detener.
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