Oye, Japonés, para ti siempre es lo mismo. Ves caras, cuerpos, objetos distintos, sin embargo, siempre es lo mismo. ¿Acaso no tienes emociones? ¿O sea que si te quemaran vivo ni siquiera pestañearías? Mira Japonés, no es nada fácil entenderte; con razón Elena te abandonó. Es que no hay nada más fastidioso que un rostro inexpresivo. Aunque sea mastúrbate las orejas y sácate esa mierda que tienes en el cerebro. No, Japonés, a mí no me recrimines; han sido tus errores los que te han condenado al olvido, o a la memoria colectiva de corto plazo. Es que de verdad, eres como el número telefónico de alguien a quien se conoce en un bar y que al otro día se olvida. Es verdad, Japonés, no seas imbécil, mi familia ya está harta de ti y de tus malditos traumas, que yo mejor llamaría manías... Si pues, ¿o se te olvida que yo te descubrí? No, creo que no, si no que a ti te encanta hacerte la víctima, ¿o no, Japonés? Y claro, como siempre estás ahí, inexpresivo, tanto que provoca estamparte un golpe en la cara para ver si reaccionas.
¿Acaso no te das cuenta de que me desespera verte colgado en ese closet e indiferente a mis problemas?
Ronald Escalante R.
(Ecuador) |