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Inicio / Cuenteros Locales / goruzedri / Capítulo I - Cómo llegó al mundo y en qué circunstancias

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Todavía no cumplía ni el año, cuando Pepito fue llevado apresuradamente por su abuela materna, Doña Luisa, al Sanatorio de “La Santa Purísima Concepción” ubicado al norte de la ciudad, allá por el rumbo de La Villa, y no porque estuviera enfermo sino porque tenía que reunirse con su papá y su mamá en el lugar. Esa madrugada, su madre Elvia, mejor conocida en el barrio como La Paloma, sobrenombre asignado en virtud de su piel muy blanca y su talla ‘petit’, así como por su cuerpo curvilíneo y pechugón, había sido llevada de emergencia a la clínica, esperando dar a luz a un niño que se adelantaba al ciclo normal de gestación. Este acontecimiento provocó un revuelo general en toda la casa, la cual era compartida con los abuelos Doña Juana y Don Pancho, suegra y suegro de la encinta así como por otros parientes provincianos que nunca faltaban.

Una enfermera, después de despejar de moquitos y flemitas las vías respiratorias y de limpiarlo de los residuos de placenta y líquido amniótico, procedió a pesar y a medir al neonato; no pudo dejar de sonreír al anotar los datos en el tarjetón. A continuación, colocándolo sobre una mesa, le ajustó una diminuta faja para oprimir el ombligo saltón, al tiempo que lo auscultaba cuidadosamente: lo palpaba con extrema delicadeza partiendo de los piecitos hasta la mollera, cambiándolo de la posición decúbito prono a supino con las yemas de los dedos. Finalmente, lo cobijó con una pequeña manta y se lo entregó a la madre depositándolo suavemente en sus brazos.

Gracias a la intervención oportuna del doctor Cano y al auxilio de las monjas enfermeras que atendían el Sanatorio, Oscarito llegó al mundo por parto normal y sin más complicaciones que la de haber nacido prematuro y por ende cacoquimio. Por lo consecutivo de los partos, y por el esfuerzo, la madre quedó muy débil. Dos partos en diez meses mermaron su salud. El doctor le recomendó al menos permanecer quince días en reposo.

Doña Luisa, junto con su yerno José Guadalupe, su pequeño nieto Pepito, y sus otros hijos que llegaron al poco rato, - entre ellos el tío Memo, la tía Chela y los tíos adolescentes Luis, Saúl y Juan Manuel, todos ellos hermanos de La Paloma- esperaban ansiosamente noticias del parto afuera en el pasillo.

Al salir del cuarto, el galeno se topó con Doña Luisa quien prestamente interrogó:

- ¿Cómo están, doctor?
- Están bien, fue un varoncito, dijo el doctor

Saúl, el más mordaz de los tíos, y quien no perdía oportunidad de hacer una broma cuando la ocasión se prestaba, miró la maleta que contenía la cobijita rosácea de lana y demás chambritas también color de rosa que su madre Luisa había tejido con tanto fervor, y no pudo contener la risa. Al instante, recibió un bien asentado coscorrón por parte de Luis, el más formalito de los tíos y el mayor de los tres. Saúl, a su vez, aplicó otro coscorrón al menor de los tíos, es decir a Juan Manuel, por haberse reído del coscorrón propinado por Luis. Esa serie de correctivos, ejemplifica muy claramente el ejercicio de autoridad que, por derecho divino, adquiría el consanguíneo que arribaba primero al mundo y que, en aquel entonces, se ejercía en cascada, por cronología descendente y con el implícito aval de los padres; lo único que podía romper esa cadena educativa era la fuerza evidenciada del avasallado hermano menor, cuando éste tenía el valor para afrontarlo.

- Parecía muy ansioso por salir del útero, - continuó diciendo el doctor - la madre batalló mucho para expulsarlo, ya que el niño, con tanto movimiento se desacomodó, y llegó de nalgas, sin embargo, no hubo necesidad de efectuar una incisión. A pesar de que el niño se nos adelantó, nació bien; su temperatura es normal y no hay síntomas de ictericia, ni deficiencia pulmonar. Eso sí, el niño nació de ínfima talla, está demasiado pequeño y algo anémico, pesó tan sólo kilo y cuarto y midió dieciocho centímetros…

El doctor hizo una breve pausa porque en ese momento se percató que todos aquellos deudos parecían provenir de “Liliput”; Memo, el mayor, apenas llegaría al metro cincuenta y ocho de estatura (con todo y tacones) y el promedio de los ocho hermanos, incluyendo a la mamá, andaría en el metro cincuenta y dos, pero eso sí, todos de facciones finas y delicadas, ellos mocitos muy galanes y ellas preciosas damitas. Por el lado paterno se daba el contraste total, Doña Juana era más alta que el promedio de la mujer mexicana y era en extremo robusta, tosca, carirredonda con bozo y grano piloso en la barbilla, frente estrecha debido a que el cabello le iniciaba poco arriba de las cejas y el cual peinaba en dos trenzas convergentes que se amarraba por detrás con un moño a la altura de la cintura. A Don Pancho, podríamos describirlo como un hombre de semblante rudo, fuerte y chaparro, prieto y cacarizo, de recia faz, labios gruesos, cabello rapado al estilo militar y una leve y visible cicatriz en la nuca ocasionada por el rozón de una bala perdida durante la “Revolución Cristera”. Don Pancho estaba muy lejos de ser un carcamal, y su vestimenta le daba toda la facha del típico español, ya que gustaba de usar una boina, camisa blanca con chaleco negro y ponerse un paliacate rojo en el cuello. José Guadalupe, a quien de cariño llamaban todos Lupillo, hombre robusto, de metro setenta y cinco de estatura, heredó las facciones del padre -aunque mucho más suavizadas- y la nobleza y buen carácter de la madre.

- Pero no se preocupen, con una buena alimentación alcanzará su tamaño normal, y si se le aplican inyecciones de vitaminas a partir de los seis años y hasta los diez, hasta podría llegar al uno sesenta – agregó el doctor con una sonrisa sarcástica que no encontró eco en la concurrencia, salvo otra risita traicionera proveniente de Saúl quien recibió otro coscorrón acallador por parte de Luis. Con un movimiento raudo y reflejo, Saúl reviró buscando a Juan Manuel para repetir la dosis, pero éste, nada tonto, fue más ágil y ya estaba colocado junto a su hermana Chela, lugar desde donde le dirigió a Saúl una mueca socarrona.

Volviendo a la formalidad, adoptando un tono serio, el experto ginecólogo y pediatra continúo diciendo:

- Denle como complemento atolitos de féculas de maíz, papillas de fruta y preparados de leche en polvo esterilizada con un poco de cereal pulverizado con azúcar, estos alimentos coadyuvarán a su pronto fortalecimiento, aunque les prevengo que la leche en polvo contiene lactosa, lo que puede causar reflujo al niño; en ese caso, con la leche materna será suficiente.

Lupillo era también parco y reservado, por lo que no abría la boca más que para decir lo necesario o preguntar algo cuando realmente había la duda, no por nada se había ganado el mote de Misterix en la secundaria. No obstante su carácter, sin necesidad de cuestionar, con la pura mirada inquisidora y su fuerte personalidad, podía sacar sobrada información a las personas.

Anticipándose a las recriminaciones que supuso venir por parte del padre, porque no se tomaron las providencias necesarias, ni se tuvo la pericia o la agudeza para prever un nacimiento anticipado, - a pesar de los chequeos periódicos a que se sometió la madre - el doctor Cano, haciendo señas de que lo siguiera, apartó un par de metros del grupo a José Guadalupe y le dijo solemnemente y bajando la voz:

- Sr. Torres, tiene que aprender a planificar mejor su familia, espaciar más los embarazos, porque, aunque su esposa es joven y fuerte, necesita darle tiempo para que refortalezca su físico y pueda realizar sin mucho esfuerzo los trabajos implicados en la crianza de los niños. Este caso se agravó, porque el niño se nos adelantó dos meses. La señora tendrá que batallar al unísono con un par de críos, tal como si hubiese tenido gemelitos.
- Eso es lo de menos Doctor – respondió José Guadalupe, “ella cuenta con mi ayuda en todo; además, también contamos con el apoyo de mi mamá. Lo importante es que tanto la madre como los hijos estén sanos”.

- Pues sí que necesitará apoyar mucho a su esposa Sr. Torres, porque le he recomendado permanecer en cama al menos dos semanas. Luego que se reponga, vayan a verme a mi consultorio, para que decidamos cuál es el método anticonceptivo que más les conviene… otra cosa, Sr. Torres, cambiando de tema, ¿quiere que de una vez le cortemos el prepucio al niño?

- ¡Santa María purísima! ¡No!, - interrumpió la abuela, quien había estado escuchando atenta toda la conversación – “Mejor déjelo así, está tan chiquito que no vaya usted a desgraciarlo con una amputación. Esperemos a que se defina un poco más”.

- ¿Qué es prepucio?, preguntó Juan Manuel - Pero apenas terminó de formular su espontánea pregunta, cuando recibió tamaño porrazo en la cabeza por parte de... (pues de quién más habría de ser) de Luis, quien autoritariamente lo conminó a guardar silencio y a tener respeto, ya que los menores no deben andarse entrometiendo en las conversaciones de los adultos. Saúl reforzó el correctivo a Juan Manuel aplicándole otro coscorrón. “El que me debías”, le dijo.

En ese momento, proveniente de la habitación donde se encontraba la convaleciente, se escuchó el llanto del recién nacido.

- ¿Ya podemos entrar a verlos, doctor?, preguntó la tía Chela.
- Claro, nada más entren de a dos en dos y sean breves, la mamá necesita descansar.

La Paloma yacía reclinada en la cama con el bebé en el regazo. Un flacucho bracito, con una manita trémula, casi transparente, con los dedillos muy bien definidos, salió estirado de entre la cobijita en busca de un pezón abastecedor. El padre, con Pepito en brazos, se inclinó y destapó un poco la cobija para ver al bebé de cerca. Pepito, entre lloriqueos, se retorció como un acocil como cuando se le echa limón, y forcejeó con el padre para que lo retirara de inmediato, ya que se llevó tremendo susto cuando vio a su carnalito sietemesino: tenía una carita arrugada y rubescente, como la de un renacuajo en plena metamorfosis, con ojitos cerrados y una boquita desdentada que succionaba al aire implorando su alimento.

- Ya nos dijo el doctor que se pondrá bien - dijo la abuela con una expresión de espanto y cubriéndose la boca con la palma derecha.

Ese mismo día, al crepúsculo de la tarde, Lupillo con la maleta de los pañales y demás enseres al hombro junto con su esposa, su suegra y los dos bebés bien tapados, abordaron camino a casa, el tranvía con dirección a Azcapotzalco. La tía Chela tomó otro camino, ya que ella vivía con su esposo y sus tres pequeños cerca del rumbo.

Texto agregado el 28-08-2007, y leído por 297 visitantes. (15 votos)


Lectores Opinan
2008-03-07 14:07:23 Ud es un escritor. Pluma fluída para una lectura fácil. Excelente. Un placer leerlo. daywaskya
2008-02-14 00:16:41 Me gusta la narración tan desenfadada, atrapa y obviamente invita a seguir con el próximo capitulo, allá lo veo. Blimunda
2008-02-12 05:54:12 Concuerdo con el comentario de Gatoazul. Sobran "y" y falta puntos, sin embargo, la lectura atrapa... Brinco ipso facto al siguiente. mon_reloaded
2008-02-09 13:22:38 me gusta y mucho!!, sigamos- mayemoreno
2008-02-08 00:28:29 Veremos como sigue, este captó mi interés Medeaazul
2007-12-13 16:13:32 El origen de la "paloma", el Misterix y el tio Saul (ja,ja,ja) se llevaron mis five stars (asi se escribe?) bueni mis *5 exsagitaria
2007-11-25 06:34:16 Je, voy , voy, sigo, sigo. Asesina_Ser ial
2007-10-20 20:22:05 Me gusta hay personajes cálidos. Me gustan las descripciones es tu fuerte, creo. Pero me disgustan los enunciados tan largos. A veces a demasiadas "y", cuando lo más sano sería el punto y seguido. Leélo en voz alta y observa si te los enunciados te dejan respirar. Gatoazul
2007-10-03 23:48:06 Este es el tipo de humor que me gusta: el agudo, que no ofende la inteligencia. Y para escribir algo como esto hay que ser inteligente... ¡Qué caray! Sigue así, que tienes madera para este estilo literario. brunilda
2007-09-20 21:54:02 Buen comienzo de4 la novela. doctora
2007-09-19 06:23:24 Me ha encantado el comienzo, entrañable, esa es la palabra, es como estar viendo a los personajes y al "renacuajo", narras un hecho cotidiano pero con esa magia de saber dsfrutar de los momentos verdaderamnte importantes. Además se me ha hecho muy corto de leer y me ha dejado con ganas de seguir. vihima
2007-09-15 02:07:52 Bueno amigo, parece que cautivas a tus lectores con esa maestrìa, sencillez, informaciòn. Me gusta, claro que me gusta. Es muy bueno este capìtulo. Sigo leyendo. rhcastro
2007-09-05 07:19:18 Realmente he quedado impresionada,este escrito es demasiado bello, está muy bien relatado, cada momento vivido, las que hemos tenido la felicidad de ser madres podemos entenderlos plenamente. Me encantó, lo encontré perfecto, llegué al final sin desear que terminara. Veo que te pusieron una estrella, esa brilla como el oro. Miles de estrellas para tí*********** Besitos Victoria 6236013
 
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