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Inicio / Cuenteros Locales / goruzedri / Capítulo II - Del origen de su prosapia y de la necesidad de contratar una nodriza

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Al principio Oscarito mamaba con tan excelente apetito, que las esperanzas de verlo prontamente restablecido hicieron que los padres continuaran con sus planes reproductivos, es decir, querían la llegada de una nena para completar el cuadro familiar.

Sin embargo, poco a poco y sin razón aparente, las ganas de comer de Oscarito cejaron, y como a los dos meses, comenzó de nuevo a enflaquecer y a debilitarse.

Doña Galdina, matrona del vecindario, atribuía la inapetencia del pequeño a un mal de ojo causado por algún ente envidioso y recomendó frotar al niño con alcohol, efectuarle una limpia con yerbas e incienso de copal y sobre todo, realizar muchas oraciones a Santo Domingo Savio, patrono de los niños y los monaguillos.

Llamaron al doctor Cano, quien después de auscultar minuciosamente al niño y examinar la leche de la madre, emitió su diagnóstico: “el infante sufre de inanición debido a la falta de nutrientes en la leche materna”.

- Será necesario conseguirle una nodriza, ya que necesita del calostro proteico para alcanzar un adecuado desarrollo – Instruyó el doctor Cano al mismo tiempo que alargaba el recibo por el importe de sus emolumentos. “Y no dejen de darle sus atolitos y sus papillas de frutas”, dijo el doctor al despedirse.

Una sensación de dolor y tristeza invadió a los padres. No podían concebir en su mente, la idea pavorosa de ver a su hijo mamando de unas chiches de “sabe dios quién”; en especial La Paloma, se resistía a que una extraña usurpase su lugar, y se sintió un poco culpable. Más que por ser la crianza de su hijo su obligación, era el hecho de que ella creía literalmente que “la clase no se adquiere, se mama”, porque su papá Nicolás, fallecido cuando ella apenas era una niña de cuatro años, provenía de ascendiente francés y para ella ser francés era sinónimo de aristocracia.

- ¿Verdad mamá, que mi papá tenía los ojos verdes porque mi abuelo era francés?, preguntó La Paloma a su madre, sabiendo por anticipado cual era la respuesta.

- Sí, hija. Tu abuelo fue un soldado francés del ejército de Napoleón hecho prisionero por los indios zacapoaxtlas en la batalla de Puebla de 1862. Tiempo después lo liberaron; se quedó a vivir en México y entonces conoció a tu abuela y se enamoraron y de allí nació tu papá Nicolás. – Así sintetizó Doña Luisa por enésima vez la historia del origen de Don Nicolás.

Doña Luisa, quien se encontraba sentada en una silla poltrona, fijó la mirada en el piso. No pudo evitar ser invadida por la nostalgia, y, en un instante, los recuerdos se le agolparon en el cerebro, reviviendo en su mente el viacrucis que sufrió, junto con sus ocho hijos, para llegar a la capital al quedar ella viuda y la familia desamparada.

Don Nicolás murió joven, como a los cuarenta. Doña Luisa, al no tener ya recursos para alimentar tantas bocas y pagar la renta, la cual ya ascendía a ocho meses de adeudo, tuvo que ceder en propiedad al casero la mayoría de sus pertenencias, incluyendo un nicho grande de madera, con el vidrio roto, el cual albergaba su mayor tesoro: un Niño Dios de madera de una sola pieza, tallado a mano, con los bracitos articulados y con ojitos de vidrio bordeados de pestañas naturales. Esta efigie fue una herencia de su madre al fallecer. También tuvo que ceder el equipo de trabajo que solía emplear Don Nicolás, a saber: una carretilla medio abollada, una pala, el pico, el casco y la bombilla de minero; no se incluyeron las botas en virtud de que Memo, el hijo mayor, ya las traía puestas no obstante quedarle éstas como dos números más grandes.

Finalmente, el casero perdonó la entrega del Niño Dios de madera de una sola pieza, tallado a mano, con los bracitos articulados y con ojitos de vidrio bordeados de pestañas naturales y la máquina de coser Singer modelo 1900, pertenencias clave para poder subsistir en la Ciudad de México, aparte de algunos utensilios de cocina y las vestimentas, y todo gracias a las cualidades histriónicas de Chelita, a quien para hacer dramas nadie le ganaba.

Saldadas las cuentas y conservada la dignidad, Doña Luisa emigró del pueblo de Charcas en San Luis Potosí a la capital de México junto con su prole, conformada por cinco hombres y tres mujeres, siendo La Paloma, la más pequeña de las hermanas y la quinta en orden cronológico.

A pesar de vivir en la pobreza, Doña Luisa nunca bajó la mirada, ni perdió la autoestima y mucho menos el orgullo; siempre mantuvo la compostura y el garbo, y con ayuda de su máquina de coser Singer 1900 y el dinero que aportaron entre todos los hijos, ya sea realizando chambitas aquí y allá o haciendo mandados, la familia salió adelante.

Con el pasar de los años las hijas se le fueron casando: primero Ana, luego Chela y al último La Paloma. Todas ellas bien casadas, tanto por la iglesia como por el civil, “tal y como lo marcan los cánones de la gente que se precie de ser decente”, decía Doña Luisa. De los maridos, podemos aseverar sin ningún empacho, que todos ellos eran honrados y muy trabajadores.

Volviendo a lo que estábamos, es decir, al recaimiento de Oscarito y al dilema de allegarle una nodriza, podríamos decir que La Paloma, siendo muy celosa de su prosapia, estaba muy renuente a permitirlo, así que acordó que se esforzaría en prepararle los mejores alimentos y “ya verás cómo en poco tiempo se convertirá en un rechoncho y travieso querubín”.

A partir de entonces, las abuelas de Oscarito junto con La Paloma, se volvieron expertas nutriólogas infantiles. Cada día inventaban nuevas papillas y atoles nutritivos.

- ¡Ya está listo! – Anunció La Paloma a su marido, - Sólo falta llenar los biberones, enseguida te los llevo. Mientras cántales algo, entretenlos con algo, ¡usa tu imaginación!

El llanto a coro, de dos niños hambrientos, tenía a Lupillo, un poco desesperado. Daba vueltas de la recámara a la cocina esperando que al fin, el atole de maíz endulzado con miel estuviera listo.

Lupillo regresó a la recámara; los lloriqueos no paraban. Intentó acallar a los bebés con palabras dulces y ternezas improvisadas, pero no obtuvo ningún resultado; luego les hizo gestos, muecas, caras chistosas y nada; sólo hasta que llegó La Paloma con las mamilas, y acopló los chupones en sus boquitas, cesó el llanto. Uno de los biberones, el de ocho onzas, era el de Pepito y el otro de cuatro onzas, el de Oscarito.

Al tiempo que Pepito bebía su biberón vorazmente, Oscarito lo rechazaba. La Paloma, sin perder el ánimo y sobreponiéndose a la compasión que le causaba ver aquel desnutrido bebé, se ponía un poco del atole en la yema del dedo índice y se lo untaba en su boquita; logrando así alimentarlo un poco. Sin separarse un solo instante de Oscarito, La Paloma se esforzaba día con día en lograr darle su comidita; le rogaba, le hablaba con cariño, le murmuraba cositas, hasta que el bebé abría su boquita y aceptaba el alimento; pero de inmediato era devuelto, ya que su sistema digestivo no había madurado lo suficiente como para aceptar aquella sustanciosa ingesta.

Mientras Pepito, al cumplir el año estaba hecho todo un caponcito y crecía cada día más, Oscarito seguía languideciéndose. La madre, asombrada, veía cómo todos los biberones destinados a Oscarito, acababa jambándoselos Pepito; algunos con autorización y otros, simplemente los arrebataba. Esa abulia de Oscarito que le impedía luchar por su alimento, fue aprovechada por Pepito, quien, como por un instinto natural de supervivencia – similar al del aguilucho más fuerte que expulsa a su debilitado hermano del nido – comenzó a robar, a cada oportunidad, la comida de Oscarito. La Paloma no sabía de qué manera explicarle a Pepito que no había necesidad de hacer eso, que había comida suficiente para los dos; sin embargo, no puede culparse a Pepito por la inanición de su hermano, ya que actuaba, como ya se dijo, por un instinto natural de supervivencia.

Pero si no hay más remedio, Jesús mío, al menos procura que quien vaya a criar a mi nieto sea una persona muy sana y de probada reputación – concluyó diciendo en sus oraciones Doña Luisa, quien se encontraba postrada, con cara de sufrimiento, sumergida en piadosa superstición, ante el pequeño altar donde reposaba sentado en su trono el Niño Dios de madera de una sola pieza, tallado a mano, con los bracitos articulados y con ojitos de vidrio bordeados de pestañas naturales.

Candidatas para amamantar al niño habían de sobra. Era el inicio de los sesentas, tiempos en que el índice de natalidad en México se empezaba a disparar, ya sea por la bonanza del país, ya por las mejoras en salud de la población (al menos de la urbana) y esto aunado al precepto religioso de “que nazcan los niños que Dios quiera”, pues aquello propició un auge poblacional sin precedentes. Por otro lado, aunque también eran los inicios de la llamada “Revolución sexual” y de la “Planificación de la familia” (con eso del descubrimiento de la pastilla anticonceptiva), todavía habían de transcurrir muchos años para que los mexicanos implementaran esas prácticas sin remordimientos, porque en ese entonces, todavía prevalecía el prejuicio de que sólo los muy liberales, los herejes y los hippies, se atrevían a esas prácticas blasfemas y pecaminosas.

Como dije antes, opciones sobraban. No había miembro de la familia que no conociera a la mejor prospecta; las había de todas las castas: criollas, mestizas, castizas, mulatas, indígenas, cambujas, salta p’a atrás, etc. y también desde las que cobraban por mililitro consumido, por tiempo mamado, por iguala semanal y hasta las que lo hacían desinteresadamente, sólo por amor al prójimo.

Habiendo tantas opciones era difícil tomar la decisión.

- Espérense, no se alebresten, - dijo Don Pancho. Justamente me acaba de decir mi compadre Chava que si le podía recibir a Rosa, su hija, y ahijada nuestra, para que se venga con su bebé recién nacido acá a la capital, y con intenciones de quedarse una buena temporada. Ya ustedes conocen bien a la familia de mi compadre; además qué hijotas tiene: grandotas, güerotas, sanotas y guapotas, como que son de Jalisco, del puritito Atotonilco, la tierra donde se dan los meros machos y las hembras más hermosas de México y además es la tierra que nos vio nacer… ¿o no, Juana?
- No pos sí pues, Pancho, sí pues
- A lo que el compadre me platicó a grandes rasgos es que mi ahijada tuvo un desliz y quedó embarazada; del fulano, me platica mi compadre que nada se sabe. Rosa no quiso decir con quién perdió y que además “que ni falta le hace”, que ella saldrá adelante sola con su bebé; ya ven cómo es esa muchacha de temperamental, como que salió a mi compadre
- ¿Pues qué edad tiene ya esa muchacha? Porque, pus no hace tanto que se la bautizamos, o sí, ¿Francisco?
- Ay Juana, nuestra ahijada ya andará por los 18 o 19, el tiempo se pasa volando
- ¿Y para cuándo llega? Al niño le urge su leche – preguntó La Paloma
- Pus en cuanto yo le avise a mi compadre que la estamos esperando, y luego luego me la manda
- Pero… ¿esta muchacha aceptará darle de comer a m’hijo?
- ¡Ah, pero por supuesto, no faltaba más! Juana amamantó a sus hermanos gemelos al morir la comadre y quedar ellos huérfanos, justo es que retribuyan el favor. Por eso ni te preocupes, dalo por hecho. ¿O no, Juana?
- Sí pues, Pancho, sí pues.
- No se hable más entonces Don Pancho, avísele hoy mismo para que llegue cuanto antes. Mientras aquí nos las arreglamos para seguir alimentando al niño como se pueda.

La crianza de Oscarito quedó resuelta, el elixir de la vida, ya venía en camino, sólo había que esperar la llegada de Rosa, la cual tardaría dos o tres días cuando mucho, ya que el tren de Guadalajara a México demoraba entre 9 y 10 horas, más el tiempo de los preparativos, que sería un día a lo sumo.

Texto agregado el 28-08-2007, y leído por 159 visitantes. (15 votos)


Lectores Opinan
2008-03-05 19:56:38 Muy entretenido!! Medeaazul
2008-02-12 05:56:20 Bien!!! Salto al siguiente. (Siguen sobrando "y" y ahora "comas". Más cuidado en los signos de puntuación que ellos pautan, entre otras cosas, la respiración en la lectura ;) mon_reloaded
2007-10-04 00:00:52 Nuevamente nos deleitas con tu ingenio. Una de las cualidades que vi en este capítulo es esa capacidad de reírte de costumbres, idiosincrasias y situaciones, sin denigrarlas. Muy bueno. brunilda
2007-09-20 21:57:36 pues a ver què pasa con el nuevo protagonista, que parece interesante, madre soltera de 18 a 19 para dar de amamantar al Oscarcito. doctora
2007-09-19 06:37:04 igual que el anterior, sigue en la misma linea, la descripción de los personajes es muy buena y los hace muy cercanos al lector, veremos q pasa con oscarito y la nodriza en el próximo episodio!;) vihima
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