Poema XI
No quiero una vejez entre espejos,
entre sapos y almohadas,
mugrientas de sueño
y sexo caduco;
ni una unión aparente,
por el privilegio de un hueco entre nalgas
y el sabor ambiguo
de un amanecer impuro;
sí femenino pero no sordo,
por donde ladra la rutina.
Me aterra
ser un infierno en el recuerdo,
un olvido sin cielos,
un vegetal de herrumbre y sin fruto,
que espera marchito a su nada.
Prefiero ser la llama
que se devora a sí mismo
y sucumbe
en la cúspide de mis batallas;
ser minuto interminable,
cuando el amor más puro florece
sin ser la sombra de un brillo.
Churruka, 29.08.2007
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