El reencuentro de dos amores.
Microcentro. Diez de la mañana. Una pareja se cruza en la calle.
¡Nora, sos vos! ¿Te acordás de mí? Soy Rubén
¿Ehh
?
¡Rubén Marteloto, tu compañero de la escuela!
¡Ah, claro, Rubén! ¡Tantos años sin vernos!
Pasaron
¡La pucha, más de cuarenta años, Nora! ¿Y qué es de tu vida?
Acá andamos. Viuda, dos nietos
¿Y vos?
Separado. Un hijo y, por ahora, soltero, ché.
¿A qué te dedicás?
Soy mayorista de perfumería. ¿Y vos?
Profesora de piano y canto. Doy clases.
¡Qué bien! (evocativo) ¡Noriiita! Nos sentábamos juntos, ¿te acordás?
Claro. Y peleábamos todo el tiempo (Ríe)
Es cierto, no pasaba día que no tuviéramos una agarrada. Nunca faltaba ocasión, (Ríe) Pero
¿sabés? Ahora, que pasaron tantos años, te quiero confesar algo.
¿Qué cosa?
Yo
yo estaba loco por vos. Enamorado, como lo que era: un pendejo. Pero vos, ni bolilla me dabas.
Bueno, en tren de blanquear sentimientos, te digo también yo estaba enamorada. No faltaba nunca al cole por estar a tu lado. ¡Y qué bronca! Vos me ignorabas, no te dabas cuenta de nada
Es que era muy tímido, Norita. Y entonces ya eras una piba linda, avasallante, con mucha personalidad. Yo te miraba en silencio y me retumbaba algo en el pecho, te juro.
Y vos eras el más pintón del grado. Alto, espigado, ojos claros
Y veo que todavía te conservás en estado, che.
Y
voy al gimnasio, salgo a correr a Palermo. ¡Pero vos sí que estás hecha una mocosa! ¡Estás igual, Norita!
¡Salí, loco! Los años pasan para todos.
Podríamos ir a tomar un café y charlamos un poco, ¿te parece?
¡Ay, no, me están esperando! Otro día
¡Dale, diez minutos que te hacen!
No, te juro que no tengo tiempo. Otro día puede ser.
¿Tanto lío para tomar un café?
No, ahora no puedo, en serio. Otro día, seguramente.
¡Otro día, otro día! ¿Cuándo?
No sé
¡Ay, no me apures, por favor!
Ché, ¿vos no cambiás más? Estás tal cual como cuando te enculabas, en el colegio, por cualquier cosa.
¿Qué yo me enculaba? Eras vos el salvaje que me perseguía con sus maldades. Acordate cuando me sacaste aquel sacapuntas alemán y no me lo devolviste nunca.
¡No fui yo, señora, fue Gutiérrez! Y por tu culpa la seño me mandó al rincón el resto del día. Lo que pasa que vos eras la alcahueta de ella, y tu palabra era sagrada.
¡Desgraciado, el acahuete eras vos! ¿O te olvidaste cuando fuiste a delatar a dos chicos que se habían peleado en el baño? Por tu culpa casi los echan.
¿Ah, sí? ¿Y cuando vos la acusaste a la morochita de trenzas aquella, que no me acuerdo el nombre, porque leía a escondidas una revista de fotonovela en clase. ¡Le tenías una envidia a la piba ésa!
¿Envidia yo? Modestamente, esa indiecita no me llegaba ni a los talones. Lo que pasaba era que te hacía ojitos y vos te babeabas.
¿Ah, así que baboso? ¡Salí, siempre la misma amarga vos! No hay caso, la gente no cambia nunca. Sos la insoportable de toda la vida.
¡Tomátelas, querido, que por algo tu mujer se habrá separado, la pobre!
No, mejor la hizo tu marido, que por fin ahora debe estar en paz. Mirá Nora: me arruinaste el día. ¡Má sí, andá que te cure Lola! ¡Chau!
Chau, Rubén, que te garúe finito. Y que te mejores.
|