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Inicio / Cuenteros Locales / josef / Reafirmación.

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Me di la vuelta en la cama, abrí los ojos inquieto. Encendí la luz y comencé a sollozar, tomé el libro de la mesilla de noche y lo abrí; mis ojos enrojecidos se centraron en sus páginas mientras mis sentimientos se enroscaban en torno a mí. Cuando lo cerré me sentí normal e incluso hueco. Me incorporé de la cama me vestí y salí a la calle.

Era muy tarde, serían casi las cuatro de la madrugada de un día de semana. Sentía un vacío inmenso desde que Paula se fue.
Comencé a caminar, la luna brillaba intensa y soplaba una brisa triste de agosto. En el parque unos jóvenes reían divertidos su todavía alegre borrachera. La recordé allí, subida al tobogán, la mañana de invierno en que nos escapamos de clase; descendiendo con la bufanda, los guantes, y su sonrisa abierta, como una gran pintura que decoraba un rostro feliz.

Llegué junto al mar y proseguí por la avenida. Podía sentirlo dentro de mí, estaba ahí. En algún lugar de mi interior; pugnaba por salir y expresarse. El malestar del fracaso. Lo intentamos todo para tenerlo. Nuestro hijo. El bebé que ella y yo deseamos... sin éxito.

Inhalé el aroma salobre del mar, el aroma de la derrota. Me senté un momento en uno de los bancos y allí permanecí, escuchando el rumor persistente de los cantos rodados mecidos por las olas. Saqué la petaca de güiski y tragué con ansiedad, intentando olvidar la mañana en que los doctores dictaminaron mi impotencia. El fluido pastoso recalentó y reconfortó mi garganta.

La Recordé tratando de aplacarme. Pensó que adoptar a una niña africana podría ser la solución, y tampoco eso logró cambiarme. Ya no me importaba, dejé de ser hombre para convertirme en mutilado, en medio hombre. Volví a beber y me sentí mejor, con fuerzas. Continué caminando, desde ahora miraría hacia delante, el pasado estaba perdido... o en ruinas. Pero... ¿Y qué de mi presente?

Al cabo de un rato mi mente estaba vacía, encharcada en alcohol. De acuerdo, no pensaba. Así era mucho mejor. Dejé la Avenida Marítima y me interné en los callejones del puerto. De forma mecánica mis piernas me condujeron al lugar. Allí estaba, existía. El cartel con luces de neón y aquel nombre sórdido, adecuado. Dentro manos de chicas ávidas pelearon por mí. Lo hice dos, tres veces, sin dejar de beber. Reafirmé mi condición montándomelas hasta que mi órgano, agotado, cesó de bombear esperma inútil y vacuo.

Salí con los bolsillos vacíos y la dignidad... no importaba. Había dejado de entender qué representaba aquella palabra y comprendía otra mejor: Soledad. Estaba solo. Aunque en realidad medio mundo lo está, me dije. O quizá más de medio mundo, insistí tratando de animarme... sin éxito, por que ya nada era igual. Mientras, caminaba por mi senda secreta y me reí satisfecho por como había follado. Ya era un hombre. ¿Había encontrado mi hombría? Sí... ahora era eso. Un “rara avis” que recuperaba su sexualidad durante noches de orgía.
Al cabo de un rato deambulaba perdido. Para ser francos, me encontraba bastante borracho. Reconocí la autopista. ¿Cómo había ido a parar a aquel lugar? Se interponía y para volver necesitaba cruzarla. Cómo hacerlo. Traté de atravesar corriendo. Pero los vehículos, sobre todo camiones, circulaban demasiado rápidos. Entonces vi el pasadizo, me adentré, y al doblar una esquina me encontré con la escena.

Estaban tendidos en el suelo, o el tipo sobre ella, gemía o ¿sollozaban? Eran novios, aunque... ¿novios haciéndolo en un infecto pasadizo que rebosaba de mierda? El individuo se dio la vuelta y la hoja de la navaja brilló. ¿Violación? No pensé más y tampoco dispuse de tiempo para hacerlo. Cuando el hombre se dispuso a levantarse yo ya estaba sobre él y la verdad, me pillaba en mal día. Calzaba botas de montaña. Pisé su cabeza como quien aplasta a una cucaracha. De forma salvaje, sin compasión y con miedo, mucho miedo. Pero miedo... ¿A qué? No lo sabía, pero lo olía. Estaba allí, instalado junto a mí. ¿Era miedo a morir? ¿Cuando ni siquiera me importaba? Incluso hasta podría resultar un alivio. Busqué a la chica. No estaba, había desaparecido. En cambio yo no cesaba de babear y de aplastar a aquel... genio que presumía de macho forzando a los débiles...

“¡Toma machote! Mascullaba. Ahora ya no eres tú quien jode. Estás jodido. ¿Verdad?”

El hombre suplicó, y no tardó en dejar de hacerlo. Me detuve, mi cuerpo temblaba. Llamé a la chica de nuevo. Nadie respondió. Me encontré sin aire, salí rápido al exterior me apoyé sobre una farola y aspiré hondo. Encendí un cigarrillo. Miré a mi alrededor. Arriba estaba el firmamento iluminado por el matiz ocre del alba y abajo el pueblo. En las casas y jardines colindantes las últimas luces nocturnas comenzaban a apagarse mientras su perfil se delimitaba entre la bruma. Fue un pensamiento fugaz. Allí, acogidos bajo los tejados de uralita de los chalés, me aguardaba toda esa vida sonriendo feliz. De repente me sentí nuevo, con una claridad en la mente que jamás tuve con anterioridad. Tiré el cigarrillo y volví sobre mis pasos. Necesitaba hacerlo. Allí estaba el hombre. Cogí la navaja. No me tembló el pulso cuando lo castré. Metí sus órganos en la tela de su bolsillo, me los guardé y me marché sin cesar de reírme entre dientes. Al fin, podía sentirlo... Era un hombre nuevo. Estaba repuesto. ¡Volvía a ser hombre!

José Fernández del Vallado. 2 Sept. 2007.

Texto agregado el 02-09-2007, y leído por 159 visitantes. (16 votos)


Lectores Opinan
2007-09-26 12:27:36 Te digo que tu personaje es asfixiante,un hombre acosado por su impotencia que necesita escapar de un círculo de frustraciones con las que no puede lidiar. El personaje del violador, una lacra social, un hombre que no puede controlar sus psicosis. Dos personajes fuertes y un final dónde el personaje principal que se sentía castrado, castra al otro hombre para recuperar su propia hombría. No sé si mi análisis está bien, peo es lo que sentí al leerte. Muy buen texto amigo mío, como todo lo que escribís. Un abrazo y mis estrellas. Magda gmmagdalena
2007-09-13 14:03:05 ..una buena muestra de ese universo masculino, tan conocido a veces y tan desconocido otras. Mildemonios
2007-09-09 21:54:02 muy buen escrito jose, un final imprevisto ***** alexandrocasals
2007-09-08 18:57:41 Impecable... muy buen trabajo, buena narracion y suspenso.besos****** LAGUNITA
2007-09-08 12:58:20 Impactante! sobre todo el final que no esperaba! tu relato describe a un personaje que sufre la impotencia, la cual se bien que tiene cura, pero el hombre sufre y me impresiona la forma de reaccionar ante este problema, plasmas muy bien su frustración, buenisimo relato***** gfdsa_elisa
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