Los sofobios son criaturas de morfología humanoide cuya ontogénesis se remonta a varios millones de años, en un pequeño planeta situado, según estudios realizados por un colegio de astrónomos, a un año luz de la Tierra, con precisión matemática.
Son seres de piel clara, blanquecina y sin vello, cabeza calva y ovalada, orejas ligeramente puntiagudas y nariz pequeña y curva, aunque se han observado excepciones en cuanto a la curvatura. Son también sexuados, y se cree por lo que se ha visto, que han llegado bastantes más sofobios machos que hembras al planeta Tierra.
Los ojos son de iris verde, púrpura o azul, variando tonalidades, y la pupila es vertical. Manos con cuatro dedos, entre ellos un pulgar oponible al igual que los humanos, y al margen de todo esto, poseen una característica muy singular. Un tercer ojo ubicado en medio de los otros, un ojo con el que ven de modo más agudo, un ojo de visión térmica y hasta metafísica. Conocen minuciosamente varia leyes que rigen la dinámica natural de la Tierra y son capaces de trascenderlas con sus miradas y pensamientos.
Uno de ellos a manera de arenga, explicó a un grupo de humanos razones por las que eligieron la Tierra para visitar. Cuenta que una comunidad de sofobios se reunió para hacer exploraciones a nivel intergaláctico, percibiendo intuitivamente la existencia de un planeta, un cuerpo celeste habitado por seres dotados de la facultad de razonar, seres que asimismo forman un núcleo minúsculo de todo un vasto conglomerado biológico. Se vieron ratificadas sus intuiciones descubriendo a un año luz de distancia, el planeta Tierra.
Son entes poseedores de un nivel de inteligencia creativa y deductiva muy superior al propio ser humano, están capacitados de forma innata y perfectible para alcanzar una armonía cautivante entre sus dominios volitivos y emocionales. Sus sentimientos son poderosos y caóticos, pero ellos pueden compaginarlos con más agilidad y eficacia para desenvolverse en sus vidas.
Estas criaturas vinieron a la Tierra con intenciones de investigar acerca de nuestras culturas, nuestras artes, ciencias, religiones y toda clase de saberes vulgares y filosóficos. Sus mentes son como cósmicas, aprenden y dominan cualquier campo de conocimiento, resuelven ecuaciones físico-matemáticas a velocidades insospechadas para el ser humano.
Sueñan con expandir sus yoes y trasmutar las insubordinadas cargas humanas de prejuicios y estereotipos en un dominio de libertad desenfrenada. No hay una moralidad estricta, no hay una brújula adiestrada para calibrar lo que es bien y lo que es mal, a escalas social, psicológica, metafísica. Un sofobio es recuerdo, premonición, dominio de sí, sensibilidad e imperturbabilidad. Se hallan nimbados de un poder tan grande que se llega a creer que algunos seres humanos han sido permeables a considerables progresiones vitales a causa de palabras sofobias.
En cuanto al nombre de la especie, se dice que se debe a la ocurrencia de un estudioso en etimología que se encontró con uno de ellos, y a raíz de tal encuentro se puso a indagar términos, encontrando en lenguas griega y latina, sophós, que significa sabiduría, y bios: vida. Dos palabras ensambladas y fecundadas entre sí que concibieron el vocablo sofobio. Si su especie tenía en efecto un nombre original y primario, nunca se supo.
También han sido denominados superhombres nietszcheanos o los Zaratustras del espacio.
Los sofobios, no son dioses, no son entes perfectos. Un gran defecto los acecha como una voluntad enérgica y latente que los puede conducir a la autodestrucción. Eso ocurriría en dos casos: si se enamoran y no hay correspondencia, que eso asimismo es factible entre ellos. Y, siendo capaces de leer acontecimentos futuros a conciencia, el abusar de sus vaticinios proféticos también podría extinguir su existencia (individual, no de toda la especie).
En fin, eso son, y así son los sofobios. |