MENSAJE.
Bajo la pileta del lavadero de mi casa -lugar indigno si los hay-, descansa desde hace un año una maceta, olvidada del riego y del afecto. Alberga una planta, cuyo nombre siempre ignoré.
Un regalo recibido que yo, indolente y poco interesado, relegué al abandono.
Varias veces tropezó mi vista con ella, de pasada, convertida casi en una mata seca.
Me prometía, entonces, ocuparme: cambiarle la tierra, ponerla en un sitio adecuado, regarla a diario.
Pero siempre algo más urgente me distraía, y la maceta prosiguió su permanencia de oscuridad y silencio, entre botellas vacías y objetos en desuso.
Y hoy descubro, avergonzado, que pese a todo, casi sin agua, descuidada y semimarchita, la planta me ha regalado una flor que emerge, humildemente hermosa, entre una maraña de trastos.
|