Porque el desarraigo duele
cuando es temprano, precoz,
en definitiva, siempre.
Porque cuando un amor se muere
de nada sirven los llantos
para los dioses que nos ven, soberbios,
desangrarnos de cara al cielo.
Quizá, porque también orillé
– distraída -
los suelos putrefactos
y presentí la rebelión de la piel
y el veneno en el alma.
Tal vez por la levedad
que toda sonrisa tiene,
por el descanso que me ofrece
tu mirada clara.
Quizá sea por eso
que abandoné mi sed de raíces
por el efímero placer de estas alas.
© Cristina Chaca
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