Nunca había disfrutado de un paisaje tan maravilloso, ni los colores le habían parecido antes tan vivos. Se quedó absorto mirando por la ventana y se percató que no sabia cual era la siguiente parada, aunque en realidad sintió que no le importaba demasiado,- la aventura es la aventura- se dijo, mientras miraba a su alrededor con sus increíbles ojos color miel y comprobó que todo le resultaba confortable.
Sonaba una música que dibujaba una sonrisa en su rostro de una manera inconsciente y, le hacia mover los pies rítmicamente a su compás. Cerró los ojos y el traqueteo del tren lo meció cariñosamente. Cuando por fin los abrió descubrió sentada delante de él a una niña que lo miraba con cara divertida, y rápidamente entabló conversación con ella.
- Hola, donde vas?, le preguntó.
- Pues viajo contigo al mismo lugar que tu, este tren no hace paradas, es directo, ¿no lo sabias? – contesto ella sin dejar de sonreírle- ¿cuantos años tienes?, yo tengo nueve y mi nombre es Nuria.
- Pues yo me llamo Roger y tengo nueve también, ¿sabes? este tren es alucinante nunca había viajado en el antes, ¿tu lo conocías?
Mientras pronunciaba estas últimas palabras, supo al momento que ella era su compañera de viaje, la encargada de acompañarlo hasta el final del trayecto. Lo adivinó en sus ojos, lo notó en el contacto de su mano, se sintió feliz... tranquilo... acompañado...
Fue consciente de que dejaba su corta vida atrás, pero no se iba solo, se llevaba el amor de todos ellos y sus pequeñas manos estaban llenas.
El tren se paró, Nuria le apretó la mano y le condujo a la puerta, le señaló el exterior y le mostró la salida mientras le decía…
… adelante, todos te esperan...
Dedicado a Nuria y Roger, dos ángeles que nos dejaron prematuramente en diferente tiempo, para viajar en ese tren que no tiene billete de vuelta. Algún día espero volver a verlos.
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