Creo en Vos, Alfarero de mi vida.
Yo me humillo y te respeto.
No hay sombras en mi mente ni en mi alma.
Ere Tú, y no hay otro,
quien un puñado de caricias
ofrendó a mi madre.
Aquí estoy.
Aquí me tienes con errores o acertijos,
con dolores y placeres,
con fe, aún en quienes no merecen,
con firmeza y con sueños,
con ilusión y esperanzas, con palabras que dibujan
un poema imperfecto para decirte:
Gracias!
Alfarero que te escondes para disfrutar la belleza
de la flor que te revela la perfección de tu arte.
En el sonido del mar y en el viento del desierto
admiras la sinfonía que en sus notas te descubre
un mundo nuevo.
Ojalá, Alfarero de mis sueños.
Que no existan mas hombres que sucumben por dinero,
olvidando que no muy lejos partirán
al entorno del infierno.
Alfarero, si te sobra sólo un poco, un poquito de tu tiempo,
¿no podrías anotar en tu recuerdo
que no queremos más guerras,
que no queremos más hambre,
que no queremos más hombres, sufriendo detrás de las rejas?
Los hijos abandonados por donde busques,
la miseria hecha carne en sus cuerpos inocentes.
Yo quiero, Alfarero de mi vida,
tan solo algo más:
Que perfecciones un poco el valor de la conciencia,
de la mía, del hermano.
Es momento para andar otros caminos
pensando mejores tiempos.
Alfarero!
|