LEJANÍA
Los escuchaba hablar y lo veía caminar para uno y otro lado. Se aburrió y dejó su silla. Su pensamiento se perdió en un recuerdo. Uno de esos fuertes, que se sienten cuando están presentes ¡Ay! ¡Si pudieras ver en sus ojos! ¡Qué delicia! En ellos se encontraba el mar. Sus pupilas eran el claro reflejo del vaivén de las olas. Verlo a él en ese trance era cual estar tras el cristal de una ventana que si bien nos separa del mar, nos deja observarlo. Admirable su capacidad de encerrarse en si y poder abrir su mente. Doy fe de que su cuerpo temblaba frente al viento proveniente de la costa. El presente no lo toca. Tuvo la suerte de aislarse. Su ser se salvó. |