Etéreo
Por breves instantes
mis manos le sostuvieron,
aun conservan el suave roce
que dejó al pasar por ellas.
Fue tan difícil tocarle,
acercarme siquiera,
romper tantas barreras,
dejar atrás la espera.
Con calma abrí la mano,
y se afianzó de ella,
como un bote anclado
en la playa, en la arena.
Cuando esto sucedía
brillaron las estrellas,
fulgurantes y felices,
tornasoles las centellas.
El tiempo siguió su curso,
andaba por senderos
para nada pedregosos,
prados frescos, preciosos.
Le miré sonriente,
mi mano le sostenía,
caminé despacio,
el sol resplandecía.
Me senté contenta,
a la vera del camino,
con sonrisas en el alma
y en el cielo la mirada.
En esos momentos
de alegría contagiada
miré lento a mi lado,
simplemente ya no estaba.
Confundida apreté mi mano,
sentí en ella lo anhelado,
pero falto de encanto,
vacío, hueco, olvidado.
Estaba a mi lado,
pero no completo,
yacía yerto el trozo
de él, el terreno.
Con mirada mojada,
empañada de asombro
miré hacia arriba
y lo encontré: etéreo.
Sonreía.
Metáfora de una pérdida que no es lo que parece, pero puede serlo para quien así lo quiera. (mi infancia regresó uno de estos días, sostuve en mi mano un globo metálico con helio, quise conservarlo, pero al sentarme para guardarlo, le soltó la mano al hilo que a mí lo unía… se fue volando… como se van los días).
Gracias al cielo no estaba sola, mi otra mano era sostenida por el amor de mi vida. |