Seudo-paraíso
En una plaza vacía, perfecta, la primera en llegar fue una señora de unos cuarenta años, iba pasando y decidió quedarse porque le gusta leer sola. Después una joven se sentó cerca de ella, pues le atraen las mujeres mayores, especialmente si leen, encendió un cigarrillo y se dedicó a observarla. Más tarde un joven cualquiera, fumador también, se quedo en la plaza buscando el momento ideal para, con cualquier excusa, hablarle a la joven. Nunca se atrevió. Una mujer que iba camino al trabajo vio como los zapatos del joven combinaban con su paraguas, ella adoraba eso, entonces se quedó. Por último llegó un hombre con fobia patológica a la soledad.
Así estuvieron diez minutos, diez minutos de aparente paraíso, hasta que llegó el esposo de la primera y se fueron, odiándose como hacía dieciocho años (tenían veinte de casados), y los demás así como llegaron se fueron, dejando el pequeño oasis de placer y recordando el infierno del mundo real.
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