Caen duras las lágrimas,
granizos hiriendo el asfalto,
afilada tormenta,
ira que pesa y aplasta.
Son tan fieras esas lágrimas,
que hienden la piel y, más allá de ella,
cortan el aire y el mar en pedazos,
agujerean la llanura, las raíces,
el corazón de las hormigas.
Pero todas esas balas van a desaparecer,
fundidas por una ola que siempre pasa,
gigantesca,
borrando rastros, diluyendo sangre:
Tiempo inexorable y lento,
el poderoso y blanco dios del olvido. |