Se enfrenta mi pecho desnudo y frágil
a las olas que en la noche corren
cargadas de terror estelar y de espuma muda,
estridente y pegajosa.
Corren las olas negras
relamiendo mis brazos atados,
mi sudor aullante,
aplastando mi voz contra el fondo
plagado de erizos muertos.
Es la lucha. Ahora. La lucha nocturna:
ruptura de huesos fantasmales,
clamor de hierros oxidados,
agonía que rebota en los barrotes del miedo.
Ahora comienza, ya, de un salto,
el brusco mordisco hacia la sombra,
la lucha por mi propia sangre,
la palpitación de mi puño,
el buceo desesperado hacia la luz. |