Recuerdo el día aquel.
¡Qué triste!
Yo supe que el cóncavo-convexo
no existía.
Él creyó que yo era la mujer perfecta.
Él creyó encontrar el alma gemela.
¡Bella utopía!
Y me dejé llevar por ilusiones
y me dejé conducir al paraíso por los sueños.
Mis ilusiones y mis sueños,
materia prima de la esencia de mí misma.
Encontré un hombre exigente.
Encontré un hombre inflexible.
Encontré el futuro infiel.
Inventario apresurado.
Cargué con un balance super negativo.
Proyectos al vacío...
perdidos rondaban un espacio sin atmósfera.
No pude crear un vínculo perfecto.
Sí, así me llamaba..., poetisa.
Sí, así me definía..., una gran mujer.
Sí, así...sin verme, sin escucharme,
así fuí parte de sus proyectos.
No intentó soñar en mirarnos a los ojos.
¿Reirnos? no sabe reir!
¿Un abrazo? no sabe abrazar!
Es que un anotador de bolsillo y un lápiz
no garantiza incubar el propósito de dos por la vida.
El cóndor agoniza en las altas cumbres.
Ya no existen las estrellas más allá del cielo.
El principiante a romántico elabora su táctica.
Reñido con los sueños.
Ensimismado piensa y volverá a pensar.
Transeúnte perenne personalizando el pensamiento
que requiere: Cabellos color miel, ojos grandes, tez blanca, apellido europeo, amante del arte.
¡Pobre de él !
¿Tú eres mujer la búsqueda incansable?
Amor sinónimo elocuente de apatía.
¿Pero, dónde existirá el amor?
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