Primera muerte de García Lorca
Avanza el enemigo con su torva mirada,
negra como la carne del cuervo hostil,
al acecho se encuentra su terrible espada
y entre sombras, oculto, su implacable fusil
Por oscuros recovecos su sombra se divisa,
ávida de ejecutar la oprobiosa sentencia.
En las tinieblas de la noche fueron forjados
y en el origen del mundo, concebidos, sin prisa
Destruye todo lo que encuentra a su paso;
las hojas secas e inertes en el suelo quedan.
El cielo se nubla y caen los páramos azules,
mudos testigos de su despiadado tránsito
Espectáculo dantesco, noche agitada y febril;
olor a azufre, hora insoportable, sueño eterno,
juicio final, infausto destino, pasión inútil,
bodas de sangre, fuego tenue, amargo invierno
Pero el 2 nunca ha sido un número para el poeta maldito,
Y en sus ojos no se observa angustia, pese a su suerte,
porque aunque se levanten los muros de la muerte,
se tornarán inmortales sus pequeños poemas infinitos
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