La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - moebiux - 'Quiero ser pez'


Quiero ser pez



Quiero ser pez, decía siempre, y todos nos lo tomábamos a cachondeo, pero se te quedaba la risa así, como un tanto helada, porque veíamos en sus ojos esa extraña determinación, eso de Quiero ser pez, que lo decía en serio, ni de forma metafórica, que nuestro amigo Pau realmente quería ser un pez.

En consecuencia con su extraño deseo, Pau se pasaba las tardes del verano bañándose en la laguna de Gallocanta, que por la mañana debía ayudar a su padre en la tienda, cosa que veíamos todos injusta, pobre Pau, con aquel egoísmo de niños, que si había aprobado todo y con buena nota, ¿acaso no se merecía unas vacaciones como Dios manda? Pues Pau no, que mientras otros nos pasábamos el verano holgazaneando, él ayudaba en la tienda todos los días, que por aquel entonces acudían turistas y nunca le faltaba clientela al padre de Pau. Eso sí, por las tardes no salía de la laguna. Y allí es donde nuestro amigo comenzó a ser pez.

Pero, les aviso, no esperen de esta historia final trágico, no. No esperen a que llegue el final del verano y, justo entonces, como si al Destino le entrara un ataque de mal gusto estético y ético, se ahogue Pau en su intento de cambiar de especie animal. No esperen una de esas historias en que los niños dejamos de ser niños debido a un trauma infantil. Para nada. Pau siguió vivito y coleando al final de ese verano. Y todos continuamos juntos estudiando en el mismo instituto. Bueno, menos Merche, que con quince añitos se fugó de casa con un músico que las malas lenguas decían drogadicto. La Merche volvió años después, con un chiquillo rubicundo y despierto, sin músico que la acompañase y sin música que anunciase su llegada, pero eso es otra historia y, para su alivio, les informo telegráficamente que se casó, que tiene dos hijos más, que engordó aunque sigue teniendo una sonrisa bonita y que parece feliz, lo cual no es poco.

Pero sigamos a Pau, el de Quiero ser pez, que es quien ha provocado esta historia. En el instituto ya saben que los juegos cambian, que nos interesan otras cosas, que se combinan los primeros planes vitales sobre lo que va a ser nuestra vida con el descubrimiento del sexo y del amor. Y Pau no fue diferente al resto en muchas cosas. Menos en una, ya adivinarán. Si, seguía obstinado, Quiero ser pez. Y me recuerdo cómo discutí en alguna ocasión, adoptando el papel de hombrecito maduro, el tono grave y el ceño fruncido de padre amantísimo mientras abroncaba a Pau, que como deseo infantil está bien, que queda hasta gracioso, Pau, pero que ya es hora de que te tomes las cosas en serio y te dejes de chorradas, que tú ni eres ni vas a ser pez, que tienes unas notas magníficas y deberías ir pensando a qué dedicarte, la de cosas que podrías estudiar relacionado con todo eso, que podrías ser el nuevo Cousteau, ¿te imaginas, Pau? Y yo ya me lo imaginaba, con gorrito rojo, con la sonrisa perenne y no sé por qué con acento francés hablando a la cámara de su último descubrimiento. Supongo que para una generación los secretos del fondo marino tienen acento francés.

Y Pau, acabando ya el instituto, nos vino con sus planes de estudiar Oceanografía en las islas Canarias, que era el único sitio en España donde estudiar esa carrera, que por notas no le faltaría si no fallaba la selectividad y que dinero tenía ahorrado de todas aquellas mañanas de verano, además de que conseguiría beca. Y todos nos sentimos satisfechos de Pau, convencidos de que triunfaría, porque hacía lo correcto, lo suyo, que nunca estuvo tan claro que alguien había elegido la carrera adecuada para estudiar, tan llenos de dudas y de incertezas que estábamos los demás. Ya lamentábamos su marcha, porque ahora sí creceríamos de verdad, porque ahora sí nos distanciaríamos, nos veríamos tan poco acostumbrados como estábamos a ser cotidianos... Y Pau sonreía, que vendría todos los días que pudiera, que no estaban tan lejos las Canarias, que nos echaría mucho de menos a todos, y a esa laguna, porque quería seguir bañándose allí, porque, y esto lo dijo con ojos brillosos, Sigo queriendo ser pez.

Nos aturdió oír otra vez esa afirmación, Sigo queriendo ser pez, no parecían que pasaran los años y, a pesar de los planes de futuro, a pesar de todo, asustaba, asustaba su firme determinación. Pero los veranos siguieron llegando, aunque más cortos, que ya no duraban aquellos largos tres meses, ahora que iniciábamos nuestros primeros noviazgos en serio, nuestros primeros trabajos, nuestros exámenes de septiembre. Eso sí, nos seguíamos encontrando en la laguna y Pau, tras ayudar a su padre, que tenía más canas y menos clientes, nos asombraba con su capacidad para aguantar la respiración bajo el agua, que cada año aguantaba más, y más. No sé si fue Marcial, o Xavi quien había mirado el récord mundial y Pau lo triplicaba... Recuerdo cuando me dijo la cifra Marcial (o Xavi): me la dijeron al oído, como un secreto inconfesable, y recuerdo que me recorrió un escalofrío por toda la columna, y volví a mirar a Pau saliendo del agua con una mezcla de admiración y pavor, porque aunque nadie sacaba el tema en su mirada seguía fija la misma idea de antaño: Quiero ser pez.

Pero como ya dije antes, esta no es una historia trágica. No apareció el cuerpo ahogado de Pau por ningún sitio, no. Ya lo dejaron de buscar por la laguna hace tiempo. Y, a pesar de que dicen que la drenaron, que la miraron bien por todos los rincones, yo sé que no, que leí no sé dónde que todas las lagunas y lagos de la corteza terrestre tienen canales que se comunican entre sí, o con el mar. Claro, han de ser conductos tan sólo accesibles para un pez. Porque yo sigo convencido de que Pau lo consiguió, aunque no lo diga por miedo a esas miradas conmiserativas que tanto daño hacen. Es cierto que hace cuatro años que no sabemos nada de él, pero también es cierto que hasta los siete años no se da por muerta una persona desaparecida. Y yo sigo viniendo aquí, a este rincón de la laguna, con el viejo flotador en la orilla y el muelle ya un tanto desvencijado, esperando tranquilo a que Pau asome. Poco podremos hablar ya, siendo pez, pero podré por fin acabar esta historia con la frase “Hoy vi a Pau, y era un pez bien hermoso, como siempre lo fue”, o algo así, que llevo años pensando en ese final, pero sin agobiarme, que a buen seguro me saldrán las palabras solas cuando por fin pueda decir a todos que no se equivoquen, que Pau lo consiguió, que, en contra de todo y de todos, Pau fue pez.




Texto de moebiux agregado el 24-03-2004.
La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net