TEOPOLIS
MICROCUENTOS DEDICADOS A LA RELIGIÓN
I
-Mamá, ¿Dios es bueno? –dijo el monaguillo con los ojos vidriosos y todavía temblando.
-Sí hijo, Dios es bueno y bondadoso…, ¿pero que te pasa?.
-Y el Padre Nicolás, ¿cum… cumple su voluntad?.
-Sí cariño, así es. ¿Estás bien?.
El niño cayó al suelo, y rompiendo a llorar dijo:
-Mamá, ¿por qué Dios no me quiere?.
II
El predicador, enfundado en una túnica blanca y desde lo alto de la montaña, se dirigió a la multitud.
-Sólo hay un Dios verdadero, y quien no crea en él, pasará la eternidad en los fuegos del infierno.
-¡Vale, de acuerdo! –gritó una voz entre la gente-…, ¿pero cuál es?.
III
Después de siglos de movimientos sobre el tablero de ajedrez, las casillas blancas apenas se distinguían de las negras. Se estaba disputando la última partida; la final a la que habían llegado Dios y Alá.
El poder de las blancas siempre había sido el Rey, pero a esas alturas de la partida, la ficha no era más que una figura simbólica y había empezado a desvanecerse en beneficio de los alfiles y los caballos. Las negras, en cambio, preferían apostar fuerte por los sacrificados peones, que con su penúltimo movimiento, habían logrado eliminar las dos torres de su adversario.
Mientras tanto, Dios y Alá, ahogados en un mar de espeso líquido negro, poco podían imaginar que sus identidades habían sido suplantadas hacía años, y que esa partida que debían disputar la estaban jugando otros en su lugar.
IV
-Padre, ¿por qué no me hablabas?. ¿Por qué cuando estaba allí, en la Tierra, y te llamaba, no obtenía respuesta?. Tenía miedo, y sufría mucho, clavado en esa cruz…, ¿era porque tenía miedo a morir, por lo que no me hablabas?.
-Hijo mio–dijo Dios pasando suavemente sus dedos entre la tenue niebla que daba forma a esa alma-, no podía. Entonces eras un Hombre.
|