Marioneta que en las noches
recobras tu propia vida,
deshaciéndote de esa sonrisa disfrazada
y de esa quietud aplastante.
Tu aliento ahora respira
en la distancia aire fresco,
perfecta instauración al mundo
quedando atrás la ausencia erigida.
Por otras manos, por otros cuerpos.
Antifaz que reprocha
los límites del silencio,
diriges ahora la magia
sin espejismos ni desiertos.
El dominio te pertenece,
la función ha terminado.
Ahora te miro y me miras,
y entre un motín de sílabas
nos entregamos, nos amamos.
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