ESCARABAJOS
Eduardo José Alvarado Isunza
ealvaradois@yahoo.com
Los escarabajos son unas potentes máquinas de amor. Por eso están así de negros y gordos y andan con una lentitud envidiable. Hacen el amor toda la noche y pueden seguir pegados al otro día, uno encima del otro, contorsionándose muy suavemente. De vez en cuando giran para comer un resto de molusco que dejaron en las piedras o la punta de una hoja. Los he visto hacerse más prietos e inflarse como si fueran a reventar cuando están en el acto. También los he oído gemir, principalmente a ellos, más a ellos que a ellas. No todos tienen oído para escuchar su gemido. Eso es algo a aprender. ¿A quién tratan de impresionar? Debemos estudiar su dieta. Quizás por allí va su secreto. Ahora que tal vez sea la luna que les hace tener esa apreciable energía amorosa. Uno sabe cuando eyaculan porque es precisamente cuando arrojan ese aroma a tréboles convertidos en metano que hace apretar nuestras narices. A ellos es un perfume estremecedor, de una calidad olfativa mayor que cualquier sustancia embotellada. Mis escarabajos salen por la noche. Nomás les brillan los blancos rayos de la luna en sus ojos y las escarabajas se carcajean de tanto amor. Y sólo es así cuando hay luna. Si no hay, prefieren pasar la noche contándose historias debajo de una maceta húmeda, con los ojos pegados al cielo, esperando esos plateados hilos que caen de allá, preparándose para hacer el amor.
San Luis Potosí, S.L.P., a 31 de agosto de 2007. |