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Motivo de ruptura Se encontraba frente al soporte en blanco con esa sensación de pavura que siempre la paralizaba antes de comenzar un proyecto. Sólo se le ocurrían formas geométricas. Hubiese querido tener la habilidad para la figura humana de su compañera de taller -le tenía una sana envidia- aunque la profesora le había dado ánimos para incursionar en la abstracción y no desilusionarse ante los monigotes amorfos en los que convertía a los modelos. No lograba encontrarles un valor estético, aunque de todos modos agradecía las asociaciones que la maestra hallaba entre su trabajo y el de ciertos artistas vanguardistas, con todo respeto por aquellos a quienes tanto les costó desarrollar una imagen tan personal y defenderla en sus manifiestos, casualmente todos del sexo masculino. Ellos sí poseían, seguramente, el ingrediente químico necesario para que su autoestima se mantuviera elevada permitiéndoles valorar su producción, ellos sí pudieron infringir y distorsionar el sistema de representación, arriesgarse a utilizar colores estridentes y arbitrarios, mostrar la realidad fragmentada y desde diversos puntos de vista aunque el resultado fuera un rostro de tres ojos, o pretender representar el movimiento en una pintura bidimensional, o pintar un cuadrado blanco sobre un fondo blanco, o chorrear pintura, y decir esto que yo hago es arte, o si no fueron ellos, fueron otros hombres, historiadores, críticos, que consideraron sus obras dignas de figurar en los libros de historia del arte. Por qué oscuro motivo no figuran en ellos las renacentistas Sofonisba Anguissola, o las barrocas Artemisia Gentileschi y Louise Moillon, y más tarde las neoclasicistas E-Louise Vigée-Le Brum y Angélica Kauffmann, y luego las impresionistas Eva Gonzales, Berthe Morisot, Mary Cassatt, Marie Bracquemond, ninguna fue digna de ser tenida en cuenta, fueron marginadas por los historiadores de arte contemporáneos, y sólo esporádica y tímidamente aparecen Frida Kahlo, Sonia Delaunay, Meret Oppenheim, Georgia O’keeffe, Tamara De Lempicka. Sí, las recordaba a todas, había hecho una lista que aprendió de memoria para poder decirla en el momento oportuno ante cualquier comentario machista que tuviera que ver con el arte. Y ni hablar de las mujeres (la mayoría monjas) miniaturistas anteriores al renacimiento, y menos de la señora que volcaba su imaginación en un bordado maravilloso, o aquella que inventaba un nuevo punto de encaje, ellas no hicieron ningún manifiesto, su producción no fue registrada ni dignificada como arte, su humildad no les permitía creer que lo que hacían era importante. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |