Y me hice viento
para poder decirle al viento,
y me hice agua
para poder hablarle a ella,
y me hice cielo
para poder abrazarme al universo.
Todo he sido en el lenguaje de las palabras,
narré cuentos con sabor a primaveras
y me hice manta de abrigo
para amparar del frío del invierno
al diminuto árbol querido.
Mañana cuando los años sepan
de amores casi eternos
extenderé mi mano cargada de ilusiones
y le daré, nuevamente, gracias al viento,
al agua y al universo.
Te arroparé árbol querido
todos los inviernos
y seré con alma de poeta,
para cantarte, noche de estrellas,
hasta el final de mi vida
mientras transcurren
los días que nunca se repiten,
aunque pasen cien años,
aunque fuesen eternos...
|