¿Y tú te atreves a mirarme, recordándome aquellas flores que tenia para ti?
Te atreves acariciarme mis desordenadas cejas, a trazar con tus sucias manos la silueta imperfecta de un ser tumbado bajo la sombra de una mentira, a recordarme silencios, e infidelidades. A revivir tormentosos sollozos al compás de un trazo con tu lápiz mas perforante.
Preparándote para inflamar tu ego, por haber asesinado el último verso escrito por tu amante, al haber tomado entre tu vientre con un movimiento absurdo y fútil la esencia de mi aurora resonante.
Sin embargo sos igual a todas, clavada en tu cuerpo como zanahoria, estremeciendo tu mandíbula y limitando tu vida a cumplir tu rol de actriz poco destacada en una novela mediocre en la que dramatizas aquella dama que es infeliz al lado de un tercero y que guarda en su neceser de lata y oro el recuerdo de aquella empatía sentimental que temiste por miedo a tener el sabor exótico de una conversación basada en el contacto y la hegemonía del amor fluido.
Revivir un beso de lastima sobre este viscoso humano de parafina que se desarma ante la subjetividad de un te amo, mientras tus extremidades comparten contacto con otro ser mutante y un eón de punzadas se posan sobre mi vertiginoso, desenfrenado y galopante corazón, que al ritmo de un marca pasos ve morir en un ritual subyacente la dama que se negó a ser la compañía de sus días.
|