Pienso, leo, y pienso
después de cada vuelta
de hoja.
Pienso en el hombre niño,
aquel que no abandonó el nido
y quiso ser pájaro
volando al infinito.
Pienso
después de cada amanecer,
en la luz que irradia
el sol en mi ventana.
Y vuelvo a pensar
entre realidades
e ilusiones,
entre miedos y corajes,
entre luces y las sombras,
sí, pienso que hace el hombre
esperando un mundo nuevo,
que no hace por hacer más
quien devora el tiempo
sembrando surcos
para despertar luego a recoger
el fruto maduro y fresco.
Pienso en todo lo que el hombre tiene:
cielo, tierra, sol y luna,
río y árboles,
mar y viento,
lluvia al tiempo de regar la tierra,
cuerpo y alma
para modelar la vida
y ser feliz y no ser un desdichado.
Mira el reloj que no detiene
y las horas pasan.
Mira que grande eres.
Lucha por tí, lucha nuevamente.
Y sucedió..., porque el hombre
aprendió de su grandeza. |