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Inicio / Cuenteros Locales / MarioMatera / El mar, el fuego y la fragua

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Era una noche borrascosa del verano de 1960 en la playa de Monte Hermoso. El faro proyectaba sus haces luminosos que rielaban la superficie marina en varias millas a la redonda. Junto al chisporroteo de un reconfortante fuego que habíamos encendido, mis primos Jorge, Ubaldo y yo discurríamos sobre el estado de la naturaleza. La ira de Poseidón, el Dios del mar, parecía haber llegado a su máxima expresión y el fragor del mar llegaba a nuestros oídos mezclado con la voz del trueno, que se hacía oír en forma intermitente. Arrojamos mas leña al fuego para obtener mas calor, el único que podía vivificarnos.
A una considerable distancia de donde estábamos, la mortecina luz de un sol de noche, ponía de manifiesto la actitud de recogimiento de nuestros padres en la casa de la señora de Bonacinga. Podía distinguir en el interior de la casa a la figura de mi tía Queca que cebaba mate y convidaba a los allí presentes.
Tío Rodolfo entonaba con potente voz la canción Giovaneza, una evocación del fascismo italiano.
- Cuantos hermosos recuerdos me trae este cántico del gobierno “constructivo” de Benito Mussolini para Italia. Había en él paz social, colaboración entre las clases sociales y todos los trenes llegaban a horario- comentó mi tío Arturo.
- El fascismo es tan sólo un paliativo para resolver la cuestión social...- terció mi tío Ubaldo.
- Tan sólo el comunismo puede solucionarla en forma total haciendo que los bienes sean de la comunidad y que el estado sea dueño de los instrumentos de producción, cambio y consumo. La revolución comunista es un cataclismo social como en su época lo fue la Revolución Francesa. Los pueblos que viven en la miseria creen encontrar en el comunismo el remedio para sus males. Sin embargo, hay que tener en cuenta la idiosincrasia de los mismos, un factor que está en pugna con el internacionalismo comunista. Yugoslavia por ejemplo, ha plasmado un comunismo nacional que no depende de las directivas de Moscú.
- Si uno te escarba, Oscar, siempre está en vos el nacionalista o el fascista.
- Tal vez tengas razón, Ubaldo, siempre recuerdo la época en que trabajé para el diario Crítica y en la que escribía a favor de Franco durante el transcurso de la guerra civil española y del Eje durante el desarrollo de la segunda guerra mundial. El diario, además de tener una orientación aliadófila, había sido también muy anticomunista.
Ahora me arrepiento de haber estado a favor de los países nazi-fascistas y me congratulo que hayan perdido la guerra. Posteriormente con el surgimiento del peronismo adherí a este movimiento aluvional en el cual había ex socialistas, anarquistas ,nacionalistas de derecha y de izquierda entre otros.
El éter transportaba las ondas electromagnéticas en esa noche en que los elementos estaban próximos a desencadenarse y el fragor del mar tenía un claro predominio sobre el suave chisporroteo del fuego, en torno al cual, nos encontrábamos reunidos.
La tormenta parecía ser el marco adecuado para esa discusión política de nuestros progenitores, en donde la furia de las fuerzas naturales se asemejaba al choque de las pasiones políticas. La tempestad se desató con ímpetu irresistible y siniestros resplandores iluminaban el cielo describiendo toda suerte de figuras geométricas. Aquello era la fragua de Vulcano.
A la hora de la cena y ante el furor de la naturaleza, mi padre nos comentó que el mar es excitante y poco aconsejable para las personas nerviosas. Esa noche me entregué al descanso escuchando esa extraña música de la eclosión de la naturaleza. Al despuntar el nuevo día, pudimos disfrutar de una relativa calma. El temporal había amainado y sólo una fuerte ráfaga de viento y un fuerte tinte azulado en el cielo habían quedado como secuela de la tempestad. Como si el tiempo también estuviese arrepentido.

Texto agregado el 12-10-2007, y leído por 85 visitantes. (0 votos)


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