"Extranjera"
Una sirena apareció en la Fontana de Trevi. Los turistas, sorprendidos, se apresuraron a tomar fotografías y preguntar a su guía si podían tocarla. La policía intentó detenerla por traer los senos al aire, pero los periodistas lo impidieron, ya que deseaban entrevistarla en su desnudez semihumana. Ella se negó a decir una sola palabra.
Fue cómodamente instalada en un hotel con jacuzzi. Sólo entonces, habló:
—Eslarpen xze bombancos moijar eran encùa.
Se presentaron los mejores traductores y, después de consultar sus diccionarios marinos, reconocieron que se trataba de vocablos ininteligibles.
Fue por esas fechas cuando una nueva estrella porno acaparó la atención de los medios de comunicación. Los turistas empezaron a escasear y la policía quitó a los hombres que hacían guardia para protegerla. Fueron retiradas las cámaras de televisión y las ganancias del dueño del hotel disminuyeron drásticamente.
Fueron días malos para el negocio: de nada sirviò que una sirena auténtica fuera la atracción principal del Grand Palace Stars ni que la belleza marina hubiera montado un espectáculo con coreografía de delfines y un par de focas.
La sirena, melancólica, empezó a susurrar cánticos lejanos. Una noche, ante la ausencia de público, el administrador cargó a la fémina con cola de pescado, la subió a su auto y, como quien se deshace de un producto caducado, la devolvió al mar.
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