Sus ojos negros me hicieron creer que me amaban, ella me advertía después de orgasmos tumultuosos que esto era lo más parecido a un juego, luego me aferraba de sus abrazos tapando inconteniblemente lágrimas de dolor, de saber que en algún momento la perdería. Tomaba su delicado rostro entre mis manos y a veces su mirada parecía resplendecerse niveamente bajo mis alas, es que juro que la ame tanto.
Fue en un acto de risas cuando me dijo lo inesperado, segundos después vinieron a mi mente infinidad de actos de amor míos hacia ella que nunca fueron recíprocos fuera de la cama y aun así admiraba su silueta cada vez que danzaba y sin darse cuenta ella significaba mi felicidad.
Me dejo, por un pecho extenso y hostil, por un falo que nunca complacerá con rozaduras suaves su campana abultada de nervios, jamas lo hará como mis dedos, jamas será tan suave como mis labios ni podrá ser tan sedoso para tu piel como yo lo fui, él es hombre, el no te comprenderá.
|