Provengo de un lugar de la tierra
donde el río canta con palabras afónicas,
donde la arenisca que transporta el viento
besa tu cuerpo
con caricias acantiladas de recuerdos,
donde el oeste es el centro
de ilusiones y muchos sueños.
Provengo noble y sana sin ocultar mis secretos.
Sólo hay uno,
que se mece en las aguas de deshielo
que los incas adoraban como si fueran besos
en la tierra seca y polvorienta.
Mi tierra..., de cielos puros,
de ríos navegando a un destino
por lechos sedientos de lágrimas
para inmortalizar la vida de los campos,
benditos y adorados
espacios verdes y amarillos
para calmar el hambre de los nuestros.
Nada es fácil mi tierra, todo cuesta,
como lo dicen las rimas de los versos,
como canta el jilguero
arrebatado de pasiones y de ansias,
que desgarran de las flores sus pétalos
porque yo los quiero..., porque yo los quiero.
Y entre el mejor devenir de cuyo
el hombre es el centro del universo,
por quien los pueblos se transforman
de taperas miserables
en viviendas tostadas por el sol
y sombreadas por la rama en cascada
del sauce llorón para el recuerdo
clamando, loco de amor, un apasionado encuentro.
Y yo mi tierra te pienso..., te pienso.
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