Anastasia y el día que nevaron los cerezos.
Desde la ventana, miraba Anastasia, en el mes en que los cerezos, llenan los espacios de blanco como sus cabellos, otra primavera, ahora desde la ventana observa la vida que trascurre en su normal movimiento.
Desde allí lo presencio, la tarde era tibia, los últimos rayos abrigaban las piernas cansadas del peregrinar por la vida. Lo vio, venia triste, cansado, con ojos del hijo prodigo, como quien regresa con la nostalgia del tiempo materno.
Ese día Anastasia, no esperaba visita, dejo de lado, el chal que cubría sus piernas, pegadas a esa silla por la artritis que ya padecía, se levanto como no lo hacia desde los 20 abrió la puerta corrió a su encuentro y entonces el milagro, la ráfaga de viento provoco que el cerezo nevara sus flores blancas sellando el abrazo entre la madre y el hijo, abrazo que esperaba desde el día que él partió en busca de sus sueños.
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