Clarissa Farell era una mujer que gustaba de la primavera le encantaba pasar horas en su jardín viendo a las mariposas que se alimentaban del dulce néctar que les proporcionaban sus flores, ella podía quedarse ahí viéndolas sin darse cuenta del paso del tiempo, muchas veces la noche la sorprendía y no era muy raro en ella, como pudiera parecer, ya que ella tenia un tipo de demencia, en la cual muchas veces hacia cosas y las olvidaba, no era raro para ella preparar una cena exquisita y terminar preguntándose ¿quien la había hecho?
La mañana del doce de abril era ordinaria, se levanto, se baño, llamo al supermercado para hacer su pedido de siempre y corrió a su jardín trasero y otra vez dejo que el tiempo pasara, sin darse cuenta la tarde llego y su cuerpo le pedía alimento, fue ahí cuando se dio cuenta que se había olvidado por completo del chico de las entregas, volvió a llamar al supermercado y le informaron que el chico había salido hace horas hacia su casa y no había vuelto, colgó el teléfono y se pregunto a si misma – “hacia donde va la sociedad?” dando por hecho que seguramente el repartidor había robado sus provisiones.
Pensó que seria mejor ir ella misma al supermercado, pero eso seria en la mañana, a si que preparo su cena con lo que tenia en casa, al terminar quiso tomar un poco de té helado en su jardín, pero cuando salio a el, vio algo raro, un montículo de tierra, arriba de el, había flores recién plantadas, pero ella no recordaba haber hecho algo a si, dejo su vaso de te en el piso y fue a ver sus nuevas flores, se acerco al montículo y vio algo que estaba entre la tierra lo levanto y se dio cuenta que era una gorra con el logotipo del supermercado, en ese momento un viento terrible se desato haciendo que las flores mal plantadas se cayeran el viento soplo lo suficientemente fuerte como para quitar la tierra que cubría el rostro del joven repartidor, espantada corrió hacia la salida de su casa, preguntándose una y otra ves ¿que había pasado? Pero al abrir la puerta supo de inmediato la respuesta, vio la caja de provisiones sobre sus hermosas flores, y, en un flashaso pudo verse a si misma abrir la puerta al despistado repartidor que no solo había dejado la caja sobre sus flores si no que el muy maleducado se atrevió a escupir en su maravilloso césped…
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