La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]
Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Redonda
Eventos
Enlaces
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / churruka / Carcajadas

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo  Añadir en Facebook [C:317435]

Carcajadas



A Buzz el destino le ha jugado más de una mala pasada, pero en el fondo sólo él tiene la culpa de tanta miseria; algo dado a la bebida y con una fiebre loca por el juego las deudas acabaron por arrinconarlo; y si esta mala costumbre no hubiese sido lo suficientemente grave, la dejadez en la que vive y su esquiva visión de los hechos le costaron a la larga su puesto de trabajo. De patitas en la calle, su mujer, demasiado harta de ver cómo se derrumbaban sus castillos de arena, desapareció sin dejar noticia y lo curioso es que el vecino del cuarto también acaba de mudarse. Con una depresión galopante y más ebrio que cuerdo Buzz se se quedó hasta sin techo, y sin apenas percibirlo se transformó de la noche a la mañana en un mendigo que hoy vegeta entre trozos de periódico y su propia inmundicia viviendo a costa de la clemencia de los otros.



El tiempo pasa y una mañana hastiado de todo decide al despertarse poner fin a su vida, y la mejor idea que se le ocurre es lanzarse al vacío desde el puente que atraviesa el río, pero antes desea emborracharse una vez más; tal vez así le sea más fácil acudir a su última cita.
Buzz se mete en un bar que conoce y se sienta en una esquina junto a la barra. Con el corazón en una lágrima busca algo de calor humano; sin embargo, los clientes, el barman, todos lo ignoran, de modo que no le queda otro remedio que ahogarse en tragos de güisqui, uno detrás de otro.
Borracho como una cuba y peinando eses en medio de la noche se acerca a su puente que mal iluminado bajo la luz de las farolas lo espera y se le antoja como una puerta hacia el más allá, cuando descubre que alguien le está robando la función; Buzz se las ve y se las desea para alejar a su otro “hermano” , por así decirlo, del borde que saluda al vacío y atraerlo de nuevo a la vida; lo logra por fin cuando lo agarra de la pernera del pantalón y ambos caen sobre el asfalto mojado.
Acude la policía, los bomberos y hasta un cura, y en la espalda de Buzz se amontonan las palmaditas; todo el mundo lo considera un héroe más o menos y Buzz regresa de nuevo al bar, no sin antes esbozar una sorda y triste carcajada que ignora su desesperanza y se desliza a ras de la amargura.



Otra vez en el local ya han corrido la voces y la gente se pelea por invitarlo. En un descuido Buzz consigue zafarse de la atención de los otros y se dirige a los servicios para hacer un descubrimiento mayúsculo que lo deja petrificado: en uno de los retretes hay un tipo tumbado con los pies saliendo por debajo de la puerta. Buzz la empuja con un chirrido y delante suyo tiene a un muerto con un revolver en la mano y con media cabeza desparrama por las paredes. El mendigo ya está gritando cuando su aullido se queda trabado en la garganta y desemboca en asombro, en la papelera junto al cadáver se asoman entre los desperdicios un motón de fajos de billetes. Buzz no vacila y rápido como una salamandra se rellena los bolsillos de dinero y a continuación avisa a los presentes. Otra vez la policía, las sirenas y las multitudes entre las que Buzz se aleja desapercibido y gana la calle por la puerta de servicio.



Libre, aliviando sus pulmones y ahuyentando su sopor con la fragancia que desprende la madrugada va en busca de un alojamiento entre resplandores urbanos. Buzz vuelve a sonreír, a lanzar otra carcajada, indecisa y reservada, falta de aire, como el que triunfa y todavía no cree en su victoria.



En la recepción de un hotel de cinco estrellas está al borde de la pelea con un botones impertinente que fiero y servil intenta impedir su incursión en el mundo de los ricos.
Sólo le basta mostrar un par de billetes para que el conserje le sonría e incluso se haga participe sobre las andanzas de su familia ignorando además, su deplorable aspecto y su penetrante aroma de inquilino callejero.



Buzz despierta avanzado el día con el sol sobre los ojos. Por primera vez desde hace mucho tiempo, tras esos escasos segundos que uno necesita para ubicarse en la existencia, no reniega de ella. Tantea instintivamente en busca de alguna botella y su mano sólo palpa las flores del jarrón sobre la cómoda; y Buzz comprende que ha decidido plantarle cara al futuro y no desayunar nunca más junto a su cirrosis. Se levanta y va al lavabo donde se tropieza con su imagen reflejada en el espejo; y mientras se contempla siente que algo late dentro de su pecho. Buzz comienza a sonreír hasta que su risa se alza en una carcajada y ésta vez sí que la escuchan los vecinos.



Churruka, 21.10.2007 ( Dedicado a Sol_o_Luna, un verdadero amigo en la distancia)

Texto agregado el 22-10-2007, y leído por 296 visitantes. (14 votos)


Lectores Opinan
2008-01-23 06:44:10 me parecio q hasta tenia un tono especial... me gusto el cuento. No hay q matar a nadie para hacer un buen cuento, no? Cayo
2007-11-15 21:50:36 ¿La vida es una orgía de casualidades? Pues sí, a algunos les sucede de la noche a la mañana como a Buzz, igual a otros no. Felicitaciones da gusto leerte!***** josef
2007-11-12 11:08:34 Es una gran historia y nos muestra que la vida da oportunidades de las maneras más insólitas. Esperemos que después de la carcajada no venga el guiski nuevamente. Excelente cuento para ser dedicado a un gran escritor y amigo como Fran. Besos y estrellas. Magda gmmagdalena
2007-11-10 02:41:02 una historia perfecta para hablar de la irònica sociedad que construye y destruye sin ton ni son heroes y escoria de un segundo a otro segùn su viciada percepciòn...satisfecha total Aliacanitidia
2007-11-02 18:31:43 el personaje es perfecto al igual que relato, ironia de la muy buena. marfunebrero< /a>
Ver todos los comentarios...
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte!]