Me vestí de blanco
y coloqué mis lentes de leer
en el bolsillo izquierdo,
un libro bajo el brazo,
una lapicera de color verde pendiendo
de una cadena al cuello
y,muy escondida en un rincón del alma
la inspiración para lograr
algunos versos.
Cual alma loca desprendida de complejos
recorrí a lo largo el mar abierto
y,muy lejos de esperar el alba
me introduje en los recuerdos.
Conté hacia atrás los amores
idos
y releí el inventario de mi tiempo
trastornado en sentimientos.
¿Cuántos fueron?, preguntó la luna,
¿Cuántos?, inquirió el lucero.
¡¿Cuántos?!, dijo mi alma,
que bien sabía
que sólo uno pendía en las cuentas
del corazón herido,
ella,mi alma que a mar abierto
había ido a buscar consuelo.
¡Y sin embargo encontró dolores en los recuerdos!
Allá a los lejos el amor que un día
había prometido un reino
de amor y fantasías,
allá a lo lejos
caminaba con su mirada fija en otros ojos
como buscando encontrar en ellos
la belleza de mi alma,
y, al darse cuenta que a pocos pasos
yo escribía en la arena
las palabras de un poema,
corrió a mi lado
con ansias de abrazarme,
cuando leyó su nombre
que el agua del mar
se lo llevaba por el capricho de una ola.
Y retrocedí en silencio
aceptando...,
ya no había tiempo,
todo estaba perdido,
todo se alejó del hoy ambicionado.
Así,el mar inventó otra ola
que dijo adiós,
y se llevó hasta el último recuerdo.
Allí, allá a lo lejos.
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