El dia estaba fresco y soleado por todos lados, a tal punto, que el resplandor del sol llegaba hasta el centro de las casas del pueblo argentino. Bajo la fronda de los arboles, el sol pegaba fuerte en la cara. Los meses previos al invierno se sentian marcados por el viento y el verdor de los arboles. Pocas veces la lluvia caia como un torrencial aguacero, aunque una ligera llovizna que bajaba de los cerros, que todos llamaban "la chipis chipis" , hacia reverdear la vegetacion conociendo a la region como el Paraiso. Los cerros despuntaban vistosos y engalanados por los penachos de nubes que coronaban sus cumbres, y en sus bordes miles de plantas de cafe estaban sembrados en perfecto orden siguiendo una espiral imaginaria. Por eso, el paisaje todo se movia en una sola direccion como aferrandose a no morir jamas, mientras los pajaros con su musica empujaban aun mas el paisaje de la naturaleza hasta hacerlo ideal. Cualquier dia se podian escuchar los truenos de las tormentas que pasaban cerca de los cerros, tan cerca, que a veces, el volcan mayor ennegrecia sus rocas milenarias. Pero los habitantes del pueblo se movian, tejiendo el centro de la inmensa telarana. El pueblo era una pieza unica que estaba anichado sobre las faldas de las montanas. Y, aunque estaba solo y rodeado por el mar en su parte mas angosta, la gente vivia tranquila criando a sus hijos en la ensenanza de los pocos libros que eran donados por otros pueblos mas pequenos pero cercanos a la capital, Buenos Aires.
-Aqui estamos -dijo Maj. Vamos para el Tablon.
Esa manana todos habian llegado temprano a su casa, la que estaba construida sobre una pequena lomita de tierra roja, bordeada por brillantes piedras traidas de la costa del mar. Estaba pintada de verde y rodeada por la parte de atras por un cerco de enormes arboles de mangos que por las tardes se llenaban de bandadas de cotorras. En la parte frontal de la casa habian dos huecos que estaban cubiertos por cortinas de sedas las que constatemente eran levantadas por las rafagas calientes de viento marino. Su techo era alto y desde lejos, mas alto se miraba porque estaba construida sobre la parte mas elevada de la calle.
Marial salio por la puerta del frente, camino por el embaldozado del pequeno rosal que ese dia estaba mas colorido porque nuevos capullos habian reventado. En el grupo de amigos la aguardaban, Magarosa, Kunki, Mafy y Noguera. Maj se habia quedado atras recogiendo unas piedrecitas. Caminaban alegres tirando piedras a las charcas y hablaban de cuantas cosas se les ocurrian, hasta que, poco a poco, entre palabra y palabra se fueron separando del pueblo, el que iba quedando atras como una mancha rojiza y firme, pintada al pie de las esplendidas montanas.
Cantaban a coro. Con mucho entusiasmo decian:
"Corre, corre nino
pajaritos vuelas
que las estrellitas estan en la escuela..."
Comentario:
En la cueva del monarca estan los tesoros del rey. El tablon, la enorme hacienda a la orilla del mar es mas grande cuando sepamos lo que encierra su mas
secreto pasillo. |