Candela vive en Palpalá, bien al norte de la Argentina, en una pintoresca provincia con forma de zapato llamada Jujuy.
Tiene cinco años y le agrada ir al jardín de infantes donde juega con sus amigos.
Pero lo que más le gusta a Candela, es el carrito de las golosinas que se para justo en la puerta de su escuela a la hora de la salida.
Para ella es una tentación irresistible y es todavía muy chiquita para controlar una emoción tan grande.
Se arroja con todas sus fuerzas sobre el carrito y lo estrecha con un abrazo gigante... ¡así de fuerte!
Papá y mamá tratan de convencerla de que se suelte del carrito, pero por más que lo intentan no lo logran.
Le prometen una rica merienda con torta casera, pero nada...
Le dicen cosas lindas, la llenan de mimos, pero nada...
Al final, logra despegarse del carrito, pero con los bolsillos llenos de caramelos y golosinas pegajosas.
Papá y mamá están preocupados por Candela. Ya que por el camino se come los dulces y cuando llega a casa no tiene hambre para la merienda.
Y así no se va a poner grande, bonita, y no va a tener fuerzas para trepar a los árboles para charlar con la luna...
Hamacarse bien alto y saludar a las estrellas...
Saltar como las cabras cuando están contentas.
Entonces papá y mamá que, son profesores en muchos colegios, deciden pedirles ayuda a sus alumnos.
Al día siguiente, los chicos, le traen las piedras más hermosas que recogieron en el recorrido a su casa.
Papá y mamá ponen todas las piedras sobre una mesa. Son muchas, y muy brillantes. Tienen colores intensos, rojos, verdes, azules y hay también algunas con mica.
A Candela le brillan los ojos.
Mamá le da a elegir diez piedras. Candela cuenta:
Una, dos, tres... Y hace una fila deslumbrante.
¡Parecen un arco iris! Candela aplaude entusiasmada.
Papá y mamá piensan que entonces es el momento justo, y le explican:
-Desde hoy compraremos sólo diez golosinas. Pero... cuando guardes alguna y no la comas para dejar lugar a la merienda, podes poner la golosina en la mesa y llevarte a cambio una de estas piedritas.
-Si en algún tiempo, las piedras son tuyas, quiere decir, que le
estás ganando a las ganas irresistibles de atrapar el carrito de las golosinas.
Candela escucha seria. Las piedras la habían cautivado. Eran una colección maravillosa y llena del cariño que todos los chicos grandes habían puesto en juntarlas.
Pero lo del carrito... era tan fuerte...
Al día siguiente entra a casa y saca de sus bolsillos solo los envoltorios de las golosinas. A Candela se le llenan los ojos de lágrimas, pero no dice nada y se aleja callada.
Pero al otro día trae dos caramelos de dulce de leche y elige dos piedritas brillantes.
Se siente más grande.
Cada día más segura, saborea su caramelo, lo disfruta más y pronto se siente satisfecha. Está más tranquila. Ahora puede llegar a casa con más golosinas.
En un tiempo, ya tiene una colección completa de piedras que fue colocando sobre un mantelito blanco al crochet que le tejió su abuela. A Candela le encantan cuando por las tardes reflejan el sol.
Se siente feliz con sus logros.
Entonces papá y mamá invitan a todos los amigos, a los alumnos y vecinos y a las abuelas.
Preparan una torta enorme, repleta de los confites, chupetines, chocolatines, gomitas de eucaliptos y caramelos que Candela había ido juntando.
Cuando terminan todos la aplauden y la llenan de besos.
Después, juntos comparten la maravillosa torta de las golosinas con una leche chocolatada.
1º cuento del libro "Candela y las muelitas bailarinas". Editorial De los Cuatro Vientos.
Será presentado en la feria del libro en Buenos Aires abril 2008.
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